Resonancias: Revista de investigación musical

ISSN 0719 - 5702 (en línea); ISSN 0717 - 3474 (impresa)

N°42 /

Junio 2018

Portada 42

Editorial

Editorial nº 42

By Alejandro Vera

Instituto de Música, Pontificia Universidad Católica de Chile
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Resonancias vol. 22, n° 42, enero-junio 2018, pp. 9-11. 
DOI: https://doi.org/10.7764/res.2018.42.1
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Los días 12 a 15 de julio del año recién pasado tuvo lugar, en la Universidad de Santiago, el IX Congreso Chileno de Musicología, “Música en tiempos de crisis”, organizado por la Sociedad Chilena de Musicología. Según expresaba la convocatoria, su objetivo principal consistió en estimular la reflexión en torno a la compleja relación entre la música y el concepto de crisis, entendido como “una situación mala o difícil” y como un “cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación, o en la manera en que estos son apreciados” (RAE). Interesaba, pues, explorar el rol de la música y sus diferentes actores (intérpretes, compositores, estudiantes, oyentes, gestores, etc.) en contextos de crisis tanto actuales como pasados y en ámbitos diversos, que podían incluir las instituciones, la dimensión histórica, la política, la industria musical y la propia musicología.

Como puede verse en la correspondiente reseña que se incluye al final de este número, el congreso tuvo una buena acogida en la comunidad musicológica, pues contó con la participación de unos cuarenta autores procedentes de siete países, que abordaron un vasto arco temporal (siglos XVIII a XXI). Si bien la relación con la política fue el tema más recurrente, se presentaron también trabajos sobre teoría musical o musicológica, instituciones o espacios y lo que podríamos designar como crisis de la tradición.

Considerando el interés y la actualidad del tema, y previa consulta al directorio de la Sociedad Chilena de Musicología, decidimos junto al equipo y comité editorial de la revista dedicar el dossier temático del presente número al tema del congreso. Desde luego, nuestro objetivo no era publicar sus actas completas, sino un dossier unitario y de interés musicológico que respondiese a los estándares de la revista en términos de calidad. Para ello, convocamos a los ponentes a ampliar y profundizar sus textos, a fin de convertirlos en artículos de investigación. Al mismo tiempo, realizamos invitaciones puntuales a investigadores especializados en el tema que pudiesen tener interés en enviarnos sus trabajos. Las propuestas recibidas fueron sometidas, como de costumbre, a un proceso de revisión por pares externos, lo que dio por resultado el dossier que ahora publicamos.

De los cinco artículos de investigación que han sido seleccionados, cuatro fueron presentados como ponencia en el congreso y uno (el de Miguel Ángel Marín) llegó de manera independiente. Aunque pueda parecer un número reducido frente a las 41 ponencias originales, se ajusta a las dimensiones acostumbradas en nuestra revista y, sobre todo, resulta suficiente para examinar la relación entre música y crisis desde diversos puntos de vista.

El texto de Fernando Lacerda Simões Duartelo hace desde una perspectiva teórica, pues propone la aplicación de herramientas procedentes de la sociolingüística al estudio de las prácticas musicales, en respuesta a la crisis de los paradigmas tradicionales que a su juicio ha vivido la musicología en las últimas décadas. En términos más específicos, su hipótesis principal es que el repertorio católico de fines del siglo XIX y el XX está compuesto por diferentes “lenguas de contacto” o “pidgin”, que por lo general tuvieron una duración relativamente breve. Sin embargo, algunas de ellas, como los cánticos espirituales, llegaron a convertirse en lenguas de mayor permanencia –también llamadas “criollas”– y alcanzaron vigencia incluso hasta nuestros días.

Los tres textos que siguen abordan el problema desde un punto de vista histórico e institucional, si bien lo hacen con enfoques diferentes. Manuel Massone y Óscar Olmello se sitúan en el contexto de la crisis política vivida en Argentina en 1890, con la llamada “Revolución del parque”. Solo dos años antes se había fundado el Conservatorio Nacional, institución de carácter estatal cuyo objetivo era la formación de maestras de solfeo para las escuelas primarias y normales. Sin embargo, la crisis mencionada llevó al cierre de este organismo, lo que fue aprovechado por el músico Alberto Williams para instituir su propio Conservatorio de Música, de carácter privado y dirigido a la formación de compositores e intérpretes. La intervención de Williams significó así un cambio de paradigma en la formación de músicos profesionales, que solo iba a revertirse, parcialmente y de manera progresiva, a partir de la refundación del Conservatorio Nacional en 1924.

Eileen Karmy y Cristian Molina, por su parte, estudian la Sociedad Musical de Socorros Mutuos de Valparaíso, vigente de 1893 a 1930. El trabajo archivístico y su perspectiva socio-histórica les permite entender a los músicos como trabajadores, representativos de una incipiente clase media que buscaba empoderarse socialmente y comprender el modo en el que se incorporaron al movimiento mutualista, en un contexto de profundos cambios sociales. Su trabajo aporta, pues, una perspectiva novedosa en un contexto temporal y geográfico que ha sido escasamente estudiado por la musicología.

También desde una perspectiva institucional e histórica está planteado el artículo de Luis Merino y Julio Garrido, ya que relaciona el devenir de la música sinfónica escrita por compositores chilenos del siglo XX con la crisis institucional de la Universidad de Chile, que tuvo lugar con la llegada de la dictadura militar en 1973. Una de sus conclusiones es que las obras que sobrevivieron a dicha crisis, en el sentido de que continuaron siendo programadas en los conciertos, fueron aquellas que se hallaban explícitamente vinculadas con algún elemento extramusical o programa literario. La razón podría hallarse en su menor complejidad formal y duración, que permitía programarlas sin necesidad de sustituir el repertorio tradicional de concierto, compuesto mayormente por piezas europeas de la época romántica.

Esto último relaciona el trabajo anterior con el de Miguel Ángel Marín, cuya primera parte presenta un estado de la cuestión acerca de la programación de conciertos actuales de música clásica, a partir de una base de datos con información sobre 4.700 conciertos efectuados entre 2010 y 2015 en diversas ciudades del mundo, con un énfasis particular en Londres. Su conclusión es que la programación tiende a concentrarse en un grupo acotado de compositores y a establecer patrones que resultan altamente predecibles, lo que explicaría, en parte, la situación de crisis que actualmente vive dicha música en términos de audiencia. En la segunda y última parte, Marín propone alternativas que a su juicio pueden contribuir a resolver el problema, basadas en su experiencia como programador y gestor en la Fundación Juan March de España, lo que sitúa su artículo en el ámbito de la musicología aplicada.

En su conjunto, pues, los artículos incluidos dan cuenta de la compleja relación entre música y crisis desde el punto de vista histórico, institucional, político, sociológico y teórico, por lo que estamos seguros de que este dossier resultará de especial interés para quienes se interesen por los vínculos entre las diversas prácticas musicales y sus múltiples contextos.

Un tema también actual, aunque diferente, es el que aborda la sección Documentos, coordinada en esta ocasión por Felipe Otondo, miembro de nuestro Comité Editorial. Los tres textos incluidos revisan el concepto de paisaje sonoro, combinando la perspectiva del investigador con la del creador y situando sus reflexiones en relación con la tecnología. El primero, del propio Otondo, sintetiza las distintas maneras de aproximarse al concepto en el ámbito de la creación actual, a partir de siete artistas contemporáneos. El segundo, de Ximena Alarcón, da cuenta de su experiencia como creadora de un sitio web interactivo, resultante de una “investigación sensorial etnográfica” que realizó en los metros de Londres, París y Ciudad de México de 2004 a 2007. El tercero, de Otto Castro, reflexiona acerca de las posibilidades que la combinación entre etnografía y tecnología ofrece para la investigación y creación sonora en nuestros días, con un énfasis en la ciudad como hábitat y objeto de estudio.

El número concluye con dos reseñas, la primera de David Orjuela, sobre el libro recientemente publicado por Julián Delgado acerca de la banda de rock Almendra, y la segunda de quien suscribe, dedicada al IX Congreso Chileno de Musicología.

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