Resonancias: Revista de investigación musical

ISSN 0719 - 5702 (en línea); ISSN 0717 - 3474 (impresa)

N°44 /

Junio 2019

Resonancias 44 13 junio portada

Reseñas

Tres discos de música para cuerdas pulsadas antiguas

Por Oscar Ohlsen 

Profesor Titular (r), Instituto de Música, Pontificia Universidad Católica de Chilede Artes, Universidad de Chile 
Resonancias vol. 20, n°38, enero-junio 2016, pp. 139-145. 
DOI: 10.7764/res.2016.38.8
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Tres discos de música para cuerdas pulsadas antiguas

Cifras Selectas de Guitarra: Cristián Gutiérrez

Un Bocconcino di Fantasia: Rodrigo Díaz

La guitarra entre dos mundos: La Pulsata

Tres producciones discográficas, publicadas en el último tiempo, dedicadas a instrumentos barrocos de cuerdas pulsadas y que involucran a tres destacados músicos chilenos, han llamado nuestra atención. No solo son un deleite para nuestro espíritu, sino que también nos proveen de una fuente de información que abre nuevos horizontes en un mundo musical todavía hoy –en pleno siglo XXI– marcado por las tendencias decimonónicas, que continúan dominantes.

Guitarras barrocas y tiorba, instrumentos del siglo XVII, se escuchan en estos discos con sonidos refrescantes, llenos de “novedades antiguas”. Esta música, tocada en estos instrumentos de la época, que no solo se lee, sino también se improvisa, constituye una experiencia única, de autenticidad y placer.

Los tres discos traen notas de Alejandro Vera.

 

Cifras selectas de guitarra. Santiago de Murcia, 1722

Cristián Gutiérrez, guitarra barroca

GutierrezDiferencias sobre pasacalles, bailes y danzas españolas compuestas por Santiago de Murcia a comienzos del siglo XVIII.

Grabado en St.-Jürgens Kirche, Lilienthal, Alemania

Masterización: Jonas Niederstadt

Producción de grabación: Emma Laín

Fotografías: Dominika Bonk

Producción general: Jonas Niederstadt

Carpe Diem Records ©2013

 

Cristián Gutiérrez realizó sus estudios de guitarra en la cátedra del profesor Ernesto Quezada, en la Universidad de Chile, derivando al laúd y otros instrumentos pulsados antiguos y especializándose en ellos durante sus años de estudio en España, bajo la guía de los prestigiosos maestros Juan Carlos Rivera y Xavier Díaz-Latorre. Ha tocado en importantes ciudades europeas y grabado junto a figuras de renombre internacional.

En su primer registro como solista, este destacado intérprete chileno se ha focalizado en el manuscrito Cifras selectas de guitarra, de Santiago de Murcia, fechado en 1722 y encontrado en Santiago, en 2003, por el musicólogo de la Universidad Católica, Alejandro Vera, constituyéndose en uno de los más importantes hallazgos musicales ocurridos en Chile.

Si bien en 2006 se grabó por primera vez parte de este material, en versiones que combinaban algunas piezas tocadas en su forma original y otras en recreaciones a dúo, este disco de Cristián Gutiérrez presenta todas las obras en el formato en que están presentadas originalmente en el manuscrito: para guitarra sola.

Cifras selectas de guitarra , manuscrito completamente desconocido hasta antes de su descubrimiento en Chile, se agrega a otras fuentes de Santiago de Murcia que estaban ampliamente divulgadas desde hacía varias décadas: Resumen de acompañar la parte…, obra publicada en Madrid en 1717; Pasacalles y obras de guitarra (1732), manuscrito encontrado en México a fines del siglo XIX y que se conserva en la British Library de Londres; y el llamado Códice Saldívar nº 4, descubierto en México por el musicólogo Gabriel Saldívar. El compositor, que en algún momento de su vida estuvo al servicio de la reina de España, es considerado como uno de los más grandes exponentes españoles de la guitarra de cinco órdenes –hoy llamada guitarra barroca–, junto a Gaspar Sanz y Francisco Guerau.

Aparte de sus obras originales, como era habitual en la época, De Murcia copió o arregló piezas de otros compositores, especialmente franceses e italianos. Sin embargo, en esta producción, Cristián Gutiérrez ha elegido solamente piezas originales, con una sola excepción, La Azucena por la E, una adaptación de una pieza originada en el teatro. Todas las demás piezas incluidas en este registro son danzas españolas, tratadas como diferencias, el nombre antiguo para variaciones.

Se incluyen Jácaras, Pasacalles, Folías, Canarios, Paradetas, Gallardas y Marionas, danzas españolas en boga. Son particularmente interesantes los bailes de origen afro-hispano Cumbés y Zarambeques. Estas piezas, exóticas para la época y que también figuran en los manuscritos encontrados en México, hicieron creer que este compositor habría estado personalmente en tierras del Nuevo Mundo. Un viaje de México a Chile habría sido la guinda de la torta. Pero, si bien parece –como lo acota Alejandro Vera en sus notas– que nunca salió de España, fue un excelente receptor de las corrientes musicales que llegaban a España desde las colonias, enriqueciendo su creatividad.

Las tonalidades de las piezas están expresadas, tal como en el manuscrito original, de acuerdo a un sistema de escritura exclusivo de los guitarristas del siglo XVII, conocido como “alfabeto”, que otorga una letra a cada uno de los acordes. En las piezas de esta selección: una cruz para Mi menor, A para Sol Mayor, B para Do Mayor y C para Re Mayor. Este sistema se mezclaba y complementaba con la tablatura que detallaba la totalidad de la música, escrita con números (para indicar los trastes) sobre líneas que representaban las cuerdas específicas.

La interpretación de Cristián Gutiérrez es prolija y certera. Maneja con gran dominio las técnicas de ejecución de la época, siendo admirable su uso de las campanelas (el arte de hacer escalas intercalando las cuerdas, gracias a una afinación donde el 5º orden es más agudo que el 3º y con otro –el 4º– de doble octava). Es una de las delicias de este instrumento en boga en los siglos XVII y XVIII. Gutiérrez logra producir una sensación de novedad y frescura que cautiva, convirtiendo en “fáciles” obras de gran demanda como Jácaras por la E, Marionas por la B y Folías españolas, aunque el Cumbé por la A, por su estilo arrebatador y excéntrico podría llegar a ser el favorito de quien tenga la fortuna de acceder a este disco que recomiendo efusivamente.

La presentación del disco, sobria y elegante, es en formato de librillo (sin caja plástica), con una gráfica que alterna el blanco y negro con el sepia. Un simpático error en las fechas de nacimiento y muerte de Santiago de Murcia, en la contratapa del CD, lo supone haber vivido hasta los 120 años de edad: 1673-1793. Las fechas reales son 1673-1739.

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Un bocconcino di fantasia. Piezas para Tiorba

Rodrigo Díaz, tiorba

Diaz 

Obras de Johann Hieronymus Kapsberger, Robert de Visée, Alessandro Piccinini y Bellerofonte Castaldi.

Grabado en los Estudios Santuario Sónico, en enero de 2014

Ingeniero de sonido: Juan Pablo Quezada

Diseño y fotografías: Agencia Frutta

Producción general: Rodrigo Díaz

Colaboración: Universidad de Santiago de Chile

 

Rodrigo Díaz, músico formado en la cátedra de guitarra de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, bajo la guía del profesor Ernesto Quezada, encontró su camino en la música antigua. Ha obtenido importantes logros como director del celebrado conjunto Les Carillons y el Coro Madrigalista de la Universidad de Santiago. Realizó estudios especializados de tiorba en España, bajo la guía de Juan Carlos Rivera.

La tiorba, llamada originalmente chitarrone, en Italia, es una variante del laúd que surgió en los últimos años del siglo XVI y que llegó a ser un instrumento muy requerido para realizar el bajo continuo a partir del siguiente siglo. Su doble clavijero permitía una afinación mucho más grave que el laúd original. Aparte de su rol principal en la monodia acompañada, la tiorba también fue empleada, en el máximo de su potencial, como instrumento solístico por los compositores del siglo XVII que figuran en este disco, Giovanni Girolamo Kapsberger, Alessandro Piccinini, Bellerofonte Castaldi y Robert de Visée, quienes fueron, además, destacados laudistas y guitarristas.

Los músicos italianos ya citados nacieron en las últimas décadas del siglo XVI pero desarrollaron sus carreras y publicaron sus obras en la primera mitad de la centuria siguiente, adscritos a la nueva corriente musical conocida como “seconda pratica”. De Visée, en cambio, realizó su actividad en las décadas finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, principalmente en la corte de Luis XIV, y su música corresponde totalmente a un barroco plenamente desarrollado, fuertemente influenciada por los grandes maestros Lully y Couperin. Buscando el contraste de estilos, estas obras italianas y francesas están presentadas alternadamente.

El disco se inicia con tres piezas de Kapsberger –conocido como “il tedesco de la tiorba”– de su cuarta publicación para chitarrone (1644): Kapsberger, una especie de autorretrato; un animado Canario, danza muy en boga en aquel tiempo; y la Toccata X, que pese a su brevedad contiene toda la variedad de secciones típicas de esta forma, en boga en los inicios del siglo XVII. La grabación continúa con una Suite en Re Mayor de Robert de Visée, contenida en el manuscrito del conde Vaudray de Saizenay (1698) y que incluye un Prelude como apertura de los cuatro movimientos básicos de la Suite barroca: Allemande, Courante, Sarabande y Gigue. Esta misma Suite figura entre sus obras de guitarra.

Las piezas de Piccinini que siguen en el programa provienen de dos fuentes, el primer libro de chitarrone (1621) y un manuscrito de c.1631. La primera es su Toccata VI que muestra elementos modernistas y los típicos contrastes entre sus micro-secciones, incluyendo pasajes ornamentales y de arpegios. La segunda pieza se titula Colascione, un trozo extravagante que pretende imitar la sonoridad del instrumento homónimo.

Reaparece Robert de Visée con tres formidables piezas que son temas con variaciones: Chaconne y Mussette en rondeau, cerrando el grupo una adaptación de una de las celebradas piezas para clavecín de François Couperin, Les Silvayns.

Dos Toccatas de Kapsberger vienen a continuación, la Toccata prima del cuarto libro ya señalado, de características similares a las otras del disco, y la Toccata arpeggiata, de su primer libro (1604), que constituye una absoluta novedad para su tiempo, y que recorre casi todo el diapasón del instrumento, produciendo distintos colores y disonancias que van surgiendo como ondas a través de una fórmula perpetua de arpegios. Sin duda, el teórico Athanasius Kircher tuvo en mente este tipo de obras cuando se refiere al “stylus fantasticus” en su libro Musurgia Universalis.

Piccinini aparece nuevamente con dos piezas: Chiaconna in partie variate y Romanesca in partie variate, mostrándonos otros valiosos ejemplos del tratamiento de la forma tema con variaciones, que, evidentemente, nació del hábito improvisatorio de los intérpretes de esta época.

Castaldi publicó en 1622 sus Capricci a due stromenti, específicamente destinados a ser tocados por dos tiorbas, una normal y otra más pequeña, un “tiorbino” de su propia invención, según él mismo afirma. Algunos de los solos de esta colección están presentados aquí: Aurora corrente,un aire de danza de carácter sereno y delicado; Un bocconcino di fantasia, que da el título a este CD y que es un “bocadito” contrapuntístico, cuyas imitaciones lo hacen más cercano al viejo estilo renacentista; y la más novedosa Arpesca galliarda, cuyo nombre alude al empleo de pasajes de escalas en cuerdas alternadas que producen un efecto arpeado, lo que en décadas posteriores los guitarristas llamarían “campanelas”, como ya hemos anticipado.

El registro finaliza con otros arreglos de Robert de Visée, esta vez de dos imponentes interludios instrumentales de la ópera de Lully Le bourgois gentilhomme: Entrée des Espagnols y Chaconne des Harlequins.

Rodrigo Díaz toca en una tiorba de cuerdas simples, que es la modalidad más empleada desde que el instrumento reapareciera en la escena musical, en la segunda mitad del siglo XX. A lo largo de la grabación se puede apreciar su cabal entendimiento de las obras y de los distintos “afectos” que ellas quieren expresar. Su dominio técnico permite que la música fluya a través de una ejecución sólida y de gran presencia.

El ingeniero de sonido, Juan Pablo Quezada logra captar a la perfección la sonoridad del instrumento, que se proyecta con nitidez y pureza.

Tanto las fotografías que muestran al intérprete como los diseños artísticos que adornan la gráfica del disco han sido plasmados en colores donde prevalecen diversas intensidades de naranja y marrón. Habría sido deseable que el listado del repertorio, tanto en la contratapa como al interior del librillo hubiese tenido más contraste ya que el color naranja de las letras sobre un fondo sepia obliga a un esfuerzo en su lectura.

Pese a este detalle, es un disco de excelente factura y al cual le auguro el éxito que merece.

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La Pulsata – La guitarra entre dos mundos: música para guitarra barroca en la América virreinal

Rodrigo Díaz, tiorba

Alejandro Vera, guitarra barroca

Cristián Gutiérrez, guitarra barroca y dirección

La pulsataObras de Santiago de Murcia, Gaspar Sanz y anónimos de manuscritos coloniales de México, Guatemala y Perú.

Grabado en los Estudios Santuario Sónico, 2015

Ingeniero: Juan Pablo Quezada

Diseño: Agencia Frutta

Fotografías: Agencia Frutta

Producción general: La Pulsata

Proyecto auspiciado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, 2015

 

 

La Pulsata es un trío formado recientemente y que reúne a tres expertos en la música antigua que se han dedicado en profundidad al estudio y la difusión de la música de los instrumentos pulsados del período barroco. Cada uno de ellos goza de gran prestigio en sus especialidades, siendo Cristián Gutiérrez y Rodrigo Díaz intérpretes muy celebrados, y Alejandro Vera uno de los más connotados musicólogos de nuestro país, quien demuestra aquí que la teoría se complementa muy bien con la práctica. Como académicos, ellos representan a cuatro de las más importantes universidades chilenas, Universidad de Chile, Universidad Católica, Universidad Alberto Hurtado y Universidad de Santiago de Chile.

Su objetivo principal es, como está expresado en el texto del disco, “darle una nueva lectura al trabajo de rescate y difusión de nuestro patrimonio musical latinoamericano”.

En esta grabación, La Pulsata, presenta piezas escritas por dos famosos compositores y guitarristas españoles de los siglos XVII y XVIII, Gaspar Sanz y Santiago de Murcia, junto a obras anónimas que provienen de manuscritos latinoamericanos de la época virreinal, formando una panorámica de la música para guitarra que fue conocida y tocada en la América colonial. Dentro de este repertorio conviven, entonces, piezas de raigambre popular con aquellas más sofisticadas de los salones aristocráticos. Prácticamente todo el repertorio de este disco está basado en danzas, casi todas ellas enriquecidas por variaciones, elemento esencial de la música barroca.

Si bien fueron originalmente escritas para la guitarra sola, era costumbre de la época, agregar instrumentos de acompañamiento. Es importante recordar que toda esta música fue concebida en una época marcada por la influencia del bajo continuo; es así que La Pulsata combina el repertorio de versiones originales para guitarra sola con arreglos para tiorba sola, para dos guitarras, guitarra y tiorba, y dos guitarras y tiorba, siendo esta última instrumentación la más empleada por este conjunto.

Las obras de Santiago de Murcia (1673-1739) provienen de dos fuentes que ya hemos comentado: el Códice Saldivar Nº4, y Cifras selectas de guitarra (1722). La primera, encontrada en Guanajuato en 1943 y adquirida por el prestigioso musicólogo y coleccionista Gabriel Saldívar; la segunda, hallada en una librería de Santiago de Chile (2003) por el musicólogo Alejandro Vera y perteneciente hoy a la Biblioteca de Humanides de la Pontificia Universidad Católica de Chile. De ambas fuentes se nutre La Pulsata para presentar en este disco, como inicio y final, las siguientes piezas: Gallardas, Los imposibles, Fandango, Folías españolas, Cumbé y Torneo. Todas ellas arregladas para dos guitarras barrocas y continuo (tiorba) que crean una sonoridad amplia y que parece llenar todo el espacio. En la pieza Los imposibles, el empleo de los rasgueados crea una atmósfera de fiesta. En el Cumbé, tal vez la pieza más emblemática de todo el repertorio de De Murcia, el arreglo para tres instrumentos desconcierta al comienzo, debido al ostinato con el que la tiorba inicia la obra, de una manera muy diferente a la versión original que parte con rasgueados alternados con golpe, tal como escribe el compositor en el Códice Saldivar Nº4. Sin embargo, en la medida que la música se va desarrollando, uno empieza a encontrar el sentido de esta nueva propuesta y termina celebrando una recreación muy cautivadora.

El otro compositor identificado con certeza es Gaspar Sanz (1640-c.1710), considerado el primer gran guitarrista español del siglo XVII. Solo una de las tres piezas de esta selección es tocada en su forma original, para guitarra sola, Pasacalles por la K2 (Si menor), en la cual Alejandro Vera se destaca con su ejecución pulcra y sensitiva. Marizápalos se beneficia con el sonido generoso y cálido de la tiorba de Rodrigo Díaz, mientras el Canario, de contagioso ritmo es recreada novedosamente por la guitarra de Cristián Gutiérrez y la tiorba de Díaz.

El Libro de Zifra (Perú c.1800) aporta algunas piezas breves que, aunque no son las más interesantes de este registro, atestiguan la presencia de las obras españolas en Latinoamérica: la Marcha de Nápoles es la misma que Juan Antonio de Vargas y Guzmán publicó en Cádiz en 1773, en su “Explicación de la guitarra” y el primero de los dos Minuetos de esta fuente peruana aparece, también, en el Códice Saldívar Nº4 con obras de Santiago de Murcia.

Dos piezas del manuscrito 1560 (siglo XVIII) de la Biblioteca Nacional de México, que contiene piezas para violín y guitarra, aportan unos Pasacalles anónimos de enorme belleza, aquí plasmadas en los sonidos de las dos guitarras y, además, una adaptación de las Folías de Arcangelo Corelli, que logra fascinar en la versión de los tres instrumentos de La Pulsata.

Tres piezas anónimas del Archivo Histórico Archidiocesano de Guatemala (siglo XVIII) sorprenden gratamente: La Dama por la D tocada en dos guitarras; la Sonata y Sesquiáltera, vertida por Cristián Gutiérrez en guitarra sola, haciendo gala de su brillante técnica que se luce en los pasajes de arpegios y campanelas; y una Sarabanda, cuya gravedad encuentra en la tiorba de Rodrigo Díaz su mejor expresión.

El manuscrito de Sebastián de Aguirre (c. 1700), que también es conocido como Códice Saldivar Nº2 es una fuente mexicana que aporta dos obras de gran interés, Pavanas por la D, cuya primera sección recuerda la famosísima Pavana del mismo tono de Gaspar Sanz, que aquí toca magistralmente Cristián Gutiérrez, y unas Jácaras, donde todo el conjuntologra una ejecución suelta y expresiva.

Este disco no solo ofrece un panorama –que era casi desconocido– de la música para guitarra que se tocó en la América virreinal, sino que además es un verdadero deleite.

El diseño gráfico, en blanco, diversos tonos de marrón y negro es sobrio y elegante.

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Los tres discos reseñados contienen excelentes notas del Dr. Alejandro Vera, musicólogo de la Pontificia Universidad Católica de Chile, entregando una información valiosísima respecto de los compositores, las fuentes, el entorno histórico y los diversos aspectos musicales y teóricos.

Se puede acceder a estas grabaciones a través del sitio de Internet www.guitarraviva.cl

 

 

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