Resonancias: Revista de investigación musical

ISSN 0719 - 5702 (en línea); ISSN 0717 - 3474 (impresa)

N°39 /

Noviembre 2016

Portada 39

Reseña

Consort Guitarrístico de Chile. 2016. Micorriza. Valparaíso: EMMA/Fondo para el fomento de la música nacional. CD.

Por Mauricio Gómez Gálvez

IReMus, Université Paris-Sorbonne (Paris IV)
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Resonancias vol. 20, n°39, julio-noviembre 2016, pp. 201-203. 
DOI: 10.7764/res.2016.39.11
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Gomez

El disco que reseñamos a continuación es el segundo registro fonográfico del Consort Guitarrístico de Chile (CGCL). Fundado hace ya una década (en 2007), este ensamble presenta aquí una configuración renovada, conformada por Andrés González y Rodrigo Erazo, miembros fundadores, además de Oscar Ovalle, Darío Vargas y Rodrigo Moyano, todos formados en la ciudad de Valparaíso. En comparación con un primer disco editado en 2010 de manera independiente, el que se presentaba sobre todo como una muestra amplia y ecléctica del repertorio que el ensamble es capaz de abordar, el nuevo registro representa una contribución aun más significativa, con un programa de gran coherencia dedicado exclusivamente a la obra de compositores chilenos. Todas las obras han sido especialmente concebidas para el CGCL. La cohesión de dicho repertorio reside además en la elección de creadores de una misma generación: Felipe Pinto d’Aguiar (1982-), Pedro Álvarez (1980-), Fernando Julio (1982-) y Andrés González (1977-), director musical del CGCL.

Debemos destacar que la singularidad del CGCL reside en la utilización de guitarras de diversos registros (soprano, contralto, tenor, bajo y contrabajo) –de ahí la denominación de consort[1] (Vignal 2001)–, lo que otorga a este ensamble amplias posibilidades de tesitura y timbre, las que sobrepasan considerablemente los recursos de una agrupación convencional de guitarras. Ello queda ampliamente demostrado a través de las obras presentadas en este CD.

La primera de ellas, Litoral (2009-2015), de Felipe Pinto d’Aguiar, viene a condensar y coronar un largo proceso de experimentación con el instrumento, plasmado en una serie de piezas para guitarra solista, en dúo, y con ensamble instrumental (casi todas estrenadas en Chile, aunque actualmente varias de ellas estén consideradas “fuera de catálogo”). Los recursos técnicos desplegados en esta obra –trémolos sobre notas simples o bloques acordales, uso de arcos, y armónicos, entre otros–, perfectamente controlados y dosificados, están puestos al servicio de un auténtico pensamiento composicional, de inspiración espectral manifiesta, aunque muy personal. Esta filiación es reivindicada por el compositor en el siguiente comentario: “La estructura de la obra puede ser descrita como un continuo en permanente evolución y creciente densidad, que tiene como motor principal el espectro armónico de la nota Mi en la guitarra contrabajo” (Álvarez et al. 2016). Desde la primera audición se revela la unidad en la red de interacciones sonoras desplegada, las que evolucionan por regulaciones y diferenciaciones de extrema sutileza. La estética de la sonoridad desarrollada por Pinto d’Aguiar es perfectamente puesta en valor por la interpretación precisa del CGCL.

Sin poseer el mismo nivel de sensualidad sonora que la obra de Pinto d’Aguiar, Inherent Nodes (2009) de Pedro Álvarez presenta, sin embargo, un interés otro, obligándonos a readecuar nuestra percepción. En efecto, si al momento de una primera audición esta obra puede parecer al auditor una suerte de improvisación libre, en realidad estamos en presencia de una organización espacial y temporal diferente del material sonoro. El consort debe trabajar aquí en registros extremos y, sobre todo, con niveles de intensidad “al límite de lo audible” (Álvarez et al. 2016), como lo precisa el compositor, fluctuando entre márgenes dinámicos muy estrechos (pppp y ppppp). Por otra parte, la obra utiliza las guitarras alto y tenor un cuarto de tono más bajas, scordatura que determina en gran parte el color de la obra. Inherent Nodes evoluciona dentro de una temporalidad relativa, debida al uso constante de divisiones rítmicas a partir de valores irracionales, los que provocan una sensación de tempo ligeramente fluctuante, de una cierta elasticidad, además de múltiple en sus distintos planos. A nuestro parecer, el aspecto más destacable en esta obra es el hecho de plantear no una música indeterminada, sino más bien una forma distinta y renovada de determinación.

Dentro de un lenguaje directo y una factura más tradicional tanto en lo formal (repetición no variada de la primera parte) como en su escritura (en gran parte homorrítmica) y en la técnica instrumental (más “guitarrística” si se quiere), El ciclo de una obsesión (2013) de Fernando Julio se estructura a partir de un material simple, esencialmente impulsos rítmicos articulados a partir de un motivo principal. La sección central lenta, de tipo repetitiva, presenta reminiscencias más o menos evidentes de ciertas obras de Leo Brouwer y Steve Reich. Lo que nos parece interesante en esta sección es el trabajo de crescendo y diminuendo aplicado a diferentes guitarras de manera sucesiva en un contexto de continuo sonoro (suerte de fade in/fade out sobre pistas diferentes). El CGCL muestra aquí una gran ductilidad en la interpretación de los requerimientos agógicos y dinámicos exigidos por el compositor.

Cierra este disco una composición de gran envergadura: Aion (2013) de Andrés González. La obra se inscribe dentro de una tendencia presente en diversos compositores contemporáneos, consistente en revisitar un material musical preexistente propio a fin de desarrollarlo, entre los que podemos citar a Boulez con sus Notations para orquesta (a partir de las Notations para piano), Chemins de Berio (basadas en las Sequenze) o, muy recientemente, Philippe Manoury con su B-Partita (in memoriam Pierre Boulez) de 2015-2016. En efecto, la primera versión de Aion, para consort de guitarras y electrónica en tiempo real, data de 2007. La versión que presenta el disco que reseñamos ha sido ampliada a un total de cinco partes, dos más que en la versión original, a lo que se agrega un conjunto instrumental mixto (vientos, cuerdas, percusión, piano), a cargo del Ensamble f®actura, perteneciente al EMMA, bajo la dirección de Gonzalo Venegas.

La obra es el resultado de la reflexión filosófica acerca del tiempo desarrollada por González (quien además de ser guitarrista y compositor, posee un magíster en filosofía). Es sin duda en los escritos de Gilles Deleuze –objeto de estudio privilegiado para el compositor–, quien ha teorizado la oposición entre Aiôn y Chronos (Deleuze 1969), que González encuentra una fuente de inspiración para la composición de esta obra.

El pensamiento musical de González tiende a la complejidad, lo que se proyecta en una escritura exigente y particularmente rigurosa en los detalles. Así, para no señalar más que un ejemplo entre tantos, González requiere de los ejecutantes nada menos que 18 tipos de vibrato... La partitura propone diversas formaciones rizomáticas, permitiendo a los intérpretes la toma de ciertas decisiones; el compositor apela aquí, en sus propios términos, a la “responsabilidad del intérprete” (Álvarez et al. 2016). Tanto el Consort de guitarras, como el ensamble y su director responden perfectamente a las altísimas exigencias técnicas y estéticas de la obra.

La presentación del disco es sobria y el diseño gráfico abstracto nos parece acorde al contenido. El librillo que acompaña el CD contiene fotografías y reseñas biográficas de compositores e intérpretes, además de comentarios acerca de las obras, redactados por los propios creadores. Respecto a la toma de sonido,[2] aspecto siempre importante, ella nos parece adecuada, nítida, clara, sin gran reverberación agregada, muy natural.

Para cerrar esta nota crítica, nos parece necesario saludar la acción del Estudio Modular de Música Actual (EMMA), creado en Valparaíso por el compositor Andrés González. El presente disco es uno de los primeros logros concretos de esta nueva institución. Esperemos que esta producción discográfica, muy destacable esfuerzo de difusión de la creación musical actual en Chile, encuentre la positiva recepción que merece.

Bibliografía

Álvarez, Pedro et al. Notas de librillo. 2016. Varios autores: Micorriza. Consort Guitarrístico de Chile. Valparaíso: EMMA/Fondo para el fomento de la música nacional. Disco Compacto.

“Consort”. 2001. En Dictionnaire de la musique, editado por Marc Vignal, 252-253. París: Larousse.

Deleuze, Gilles. 1969. “23e série, de l’Aiôn”. En Logique du sens, 190-197. París: Les Éditions de Minuit.



[1] El CGCL rehabilita este término británico utilizado en los siglos xvi-xvii para denominar un ensamble de instrumentos de una misma familia. En rigor, se trata aquí de un whole consort.

[2] La toma de sonido fue efectuada por Cristián Arias, con equipamiento del EMMA.

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