Resonancias: Revista de investigación musical

ISSN 0719 - 5702 (en línea); ISSN 0717 - 3474 (impresa)

N°47 /

Noviembre 2020

Portada Resonancias nº47 2020

Reseñas

Ginesi, Gianni. 2018. Seguir el discurso. La entrevista en profundidad en la investigación musical. SIBE-Sociedad de Etnomusicología, Instrumentos para la investigación musical, núm. 2, 100 pp. ISBN 978-84-09-00803-2.

Por Gabriel Macias Osorno

Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, Posgrado en Humanidades-Historia
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Resonancias vol. 24, n° 47, julio-noviembre 2020, pp. 227-231.
DOI: https://doi.org/10.7764/res.2020.47.13
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El libro forma parte de la colección digital “Instrumentos para la investigación musical”, iniciativa de la SIBE-Sociedad de Etnomusicología y la rama española de la International Association for the Study of Popular Music (IASPM-España). La serie busca aportar al aprendizaje y la profesionalización de la investigación musical, por lo que genera materiales didácticos de libre descarga, bajo autoría de investigadores de asuntos musicales de amplia y reconocida trayectoria.[2]

La publicación de Gianni Ginesi es la segunda de tres volúmenes que actualmente integran la colección. En ese marco de expresas intenciones formativas es que se sitúa la obra examinada, la cual se adentra en el tema de la entrevista en profundidad como una técnica de investigación, abordada desde el contexto particular de trabajos cuyo eje es la indagación de fenómenos musicales.

Precisamente, el autor señala la ausencia de bibliografía sobre el tema dentro de la literatura (etno)musicológica. Por ello, y siguiendo sus palabras, más que un texto de disquisiciones teóricas, el libro busca ser un soporte para quienes se acercan a hacer entrevistas, aportar recursos prácticos y ayudar a superar ciertas dudas en el tema (p. 4). Por lo mismo, el texto se dirige particularmente a jóvenes investigadoras/es que se adentran en el terreno de la investigación en música.

El libro está dividido en seis capítulos y los cuatro primeros responden a fases de la entrevista. De esta manera, Ginesi conduce la exposición desde una primera reflexión sobre qué es una entrevista o con qué objetivos se realiza, hasta el vaciado de datos, pasando por sus preparativos y el ineludible tema de cómo hacerla. En las dos últimas secciones nos presenta unas breves conclusiones y un listado de bibliografía orientativa que, más que pertenecer a las fuentes del manual, “refiere a aspectos más epistemológicos, reflexivos y teóricos” del tema (p. 90).

Concretamente, el primer capítulo atiende dos preguntas fundamentales: ¿por qué hacer entrevistas? y ¿qué es la entrevista en profundidad? Se expresa, entonces, que es una manera de recopilar información, de tener un contacto directo con la vivencia del otro y de aproximarse a la perspectiva emic. Ginesi sitúa la entrevista en profundidad como un tipo de relación que se genera con el entrevistado, y explica que esta, al ser de carácter activo, consiste más bien en un diálogo reflexivo y de escucha. Específicamente para el caso de la (etno)musicología, establece que la entrevista es una técnica de investigación usada en el trabajo de campo y, a través del cuestionario presentado por Bruno Nettl en Theory and Method in Ethnomusicology (1964), ejemplifica cómo podría ser un modelo de entrevista en la materia.

En el segundo capítulo se plantea una serie de sugerencias previas a la entrevista. Se llama la atención sobre la elaboración y claridad de un plan de trabajo que se articule con los problemas propios de la investigación, pues de ahí surgirán los temas a tratar en las entrevistas. Se repara en la utilidad de acudir a otros formatos de diálogo, de carácter más exploratorio, ya que estos –y otros recursos afines– favorecen el reconocimiento de los sujetos que pueden ayudar a obtener una mayor comprensión de lo investigado.

Otro aspecto abordado es la preparación previa en el tema y la importancia de tener buenas nociones sobre quién es el entrevistado (cuando no se tiene de por medio una relación de confianza). Tales aspectos se resaltan al ser factores que repercuten en la seguridad del entrevistador, en la comunicación y en superar el obstáculo de hablar con una persona extraña. De igual manera, se ofrece un breve listado de las herramientas esenciales para el trabajo (grabadora, pilas, cables, etc.) y se deja un ejemplo gráfico de un sumario de entrevista para facilitar la organización y toma de notas. Por último, pero no menos importante, se toca el tema del consentimiento y se sugiere enfáticamente llevar un formulario a los encuentros para obtener el permiso por escrito sobre la captura y uso de los datos e información que se recojan mediante la entrevista.

El tercer apartado entra en la materia de enfrentarse a la práctica de la entrevista. Básicamente se plantea la importancia del respeto y la sensibilidad a los usos y normas sociales del otro. De ahí que se toquen aspectos referentes a cómo establecer una relación positiva con el entrevistado (como ser flexible, puntual y saludar), aunado a advertir que el investigador genera una suerte de interrupción en la vida del entrevistado que responde a sus propios intereses. En consecuencia, la capacidad de escucha y de diluir la figura ciertamente empoderada del investigador, serán de capital importancia para entablar un diálogo prolífico en un ambiente de confianza. Por otra parte, se vierten algunas recomendaciones respecto a cómo interactuar con el entrevistado, de cómo avanzar en los temas, o cómo ayudar a profundizar o a reconstruir recuerdos a través de recursos como fotografías, letras de canciones, discos o videos.

En lo que respecta al manejo de los materiales y datos recopilados mediante entrevistas, el autor explica la importancia de ordenarlos y clasificarlos. Valora la utilidad de generar catálogos y fichas que permitan la ubicación eficaz entre los datos, a la vez que proporciona un ejemplo de base de datos para tal labor. También aborda el proceso de transcripción y algunos criterios para esta tarea en función de las preguntas de investigación y del nivel de detalle a que se quiera llegar. Asimismo, repara en que dicho proceso es otra manera de seguir en contacto con el entrevistado, de conocerlo más en profundidad, y se traduce en un momento de reflexión sobre la propia investigación. Después, se adentra en el terreno de las aplicaciones informáticas y expone su utilidad tanto para transcribir como con objeto de preservar ordenadamente los materiales con miras a ser usados a futuro por uno mismo o por otras personas. Finalmente, cierra con algunos usos de las entrevistas ya en el proceso de escritura de una investigación.

Gianni Ginesi sostiene en sus conclusiones que un manual está pensado para ser una invitación y con el fin de fortalecer determinadas habilidades (p. 88). En ese sentido, la lectura efectivamente invita a explorar el trabajo con entrevistas, toda vez que da una noción amplia de diferentes rutas y aspectos que conlleva su planeación y realización. En efecto, el libro tiene una narrativa amable, que estimula la reflexión y es alentadora, posee una escritura directa y de mucha claridad, aunque en algunos pasajes se realizan recapitulaciones –con función de síntesis o de énfasis en algún aspecto– que llegan a sentirse un tanto reiterativas.

El texto es didáctico. El propio capitulado permite localizar con facilidad los temas, y a lo largo de estos se emplean recursos como recuadros que sintetizan ideas o resumen algún apartado. También hay algunas partes del cuerpo del texto resaltadas con negritas que llaman la atención sobre ciertas premisas. Todo esto hace que sea muy fácil navegar dentro del escrito, así como localizar y trasladarse de un tema a otro cómodamente. En este punto, no ha de dejar de mencionarse la presentación de documentos que muestran cómo trabaja el autor, que además de aterrizar algunas ideas, contribuyen al objetivo de despejar incertidumbres sobre qué hacer en las distintas fases de la entrevista.

Otro punto que destaca en la obra es el énfasis puesto en el respeto hacia el sujeto entrevistado. Ginesi convoca a un balance entre las necesidades de la investigación y la interacción dada con quienes participan en nuestro trabajo. Esto es, arguye la importancia de tener siempre en cuenta que quienes colaboran con nosotros no son una suerte de depósito de información, que no ha de primar la ansiedad por recopilar datos, por la explicación perfecta. En suma, hay en el libro que nos presenta Ginesi un buen llamado a la sensibilidad y la mesura, así como anticipos a cuestiones fundamentales e imprevistas para quienes se acercan a esta herramienta de investigación.

Aunque el libro cumple con sus objetivos (es didáctico, aporta recursos prácticos y despeja dudas en el tema), y en ese sentido es del todo propositivo, habría valido la pena ahondar en algunas cuestiones. Por ejemplo, si bien nos habla en varios momentos de la importancia del permiso para grabar (pp. 40-41, 44, 47), en el que queda incluida la consecuente conservación y estudio de los materiales recogidos, hubiera sido positivo señalar los límites o problemáticas que implica tal autorización de los informantes. Es decir, si el permiso deja claro que nuestro colaborador (sus palabras, su pensamiento, sus omisiones) bien podrá convertirse en parte de un informe, de un artículo o de una presentación; o si, para empezar, el consentimiento que solicitamos pertenece al horizonte de sentido del entrevistado.

Es clara la postura de Ginesi de no olvidar la condición humana de los informantes y de apostar por una creación compartida del conocimiento (p. 89). Ahora bien, como lo aclara el mismo autor, la entrevista no acaba en el momento en que concluye la reunión, por el contrario, el investigador continúa trabajando esos datos (pp. 80-81). Sin embargo, el entrevistado no necesariamente sigue al tanto de ese diálogo. Precisamente, es ahí cuando parece no operar más esa relación de diálogo con el entrevistado, cuando se entra al terreno de lo no consentido, cuando –como también lo explica el autor– la información recabada se utiliza en función de necesidades específicas, que pueden traducirse en citas textuales o sintetizadas, notas al pie, e incluso llegar a conformar un acervo para un trabajo posterior de otro investigador (pp. 85-86). Para estos momentos el sujeto entrevistado pierde todo control de la manera en que se le va a enunciar –y en muchas ocasiones ni siquiera llega a estar al tanto de eso– y se le lleva a los horizontes propios de la investigación, implicados en ellos los intereses y posturas propias del autor.[3]

Lo que quiero resaltar es que el permiso concedido en el campo no es una carta abierta para el manejo de la información, aunque lo lleguemos a implementar de esa manera. En otros términos, que existe una tensión fuerte entre el consentimiento, la entrevista (en profundidad) y la cosificación de los sujetos. Desde mi punto de vista resulta fundamental tener asideros para manejar tal situación, en función de lo cual el primer paso sería reparar en ellas, asumir que la investigación y el sujeto que investiga no están exentos de contradicción y, por tanto, tomar una postura ante ello. Es un problema que a mi juicio es de vital importancia y que ha de ser enunciado abiertamente, pues conforma parte de lo ético y de aspirar a un horizonte de equilibrio entre las normas sociales, las visiones del entrevistado y las nuestras. Por eso mismo, considero que era un tema en el que valía la pena profundizar, sobre todo al ser una publicación orientada hacia un nivel formativo.[4]

Se comprende que un manual no puede ser exhaustivo en la presentación de casos y excepciones, pero, aun así, se echa de menos algún comentario en relación a los roles de poder más allá de cuando la imagen profesional del investigador se ubica desde una relativa, parcial o total preponderancia. El autor toca aspectos concernientes al poder pero siempre estableciendo la entrevista, digamos, en condiciones de subalternidad, como un ejercicio “hacia abajo” en el que el investigador posee una alta valía (pp. 28-29, 53, 80). ¿Qué pasa en circunstancias en las que no se da tal relación? (Podríamos pensar en un supuesto estudio sobre empresas discográficas en el cual la interacción se diera con managers, productores, representantes, empresarios, etcétera, o cuando se estudia la propia academia).[5] O sea, trabajos, por decirlo así, “hacia arriba” o “hacia los lados”. Probablemente en esos casos quede fuera la noción de “profundidad” como una relación forjada con el tiempo y la confianza, empero, en general el libro plantea la entrevista en diferentes modos y tipos de profundidad, por lo que haber añadido algunas ideas sobre tales aspectos hubiera redondeado en mucho la visión de la complejidad de trabajar con entrevistas, pues por momentos prima una sensación de que el entrevistado enfrenta siempre condiciones de  cierta uniformidad.

Finalmente, en mi opinión, no queda del todo clara la necesidad (o el porqué) de plantear una metodología específica para la entrevista en profundidad en el ámbito (etno)musicológico. El tema me parece que es tratado con algo de ambigüedad, y más allá del ejemplo del cuestionario tomado de Bruno Nettl, no encuentro razones por las que el libro de Ginesi se pueda diferenciar en cuanto a su contenido y utilidad de uno realizado desde el campo antropológico, por ejemplo. En otras palabras, considero que los aportes dados en esta obra tendrían básicamente el mismo beneficio, tanto para los (etno)musicólogos como para investigadores de otras disciplinas afines (lo cual es del todo positivo). De la misma manera que, por poner un caso, el libro Etnografías: alcances, técnicas y éticas del antropólogo Eduardo Restrepo (2016) –con su respectiva sección dirigida a la entrevista– puede cumplir con las mismas finalidades para el (etno)musicólogo que el texto de Ginesi.

En ese sentido, cuando en el escrito se echan en falta metodologías propias y literatura específica para la entrevista (etno)musicológica (pp. 3-4, 18), no es del todo discernible tal necesidad, ni tampoco el aporte específico del libro en ese aspecto. Sobre este punto, me parece que más que atender a generar nuevas metodologías en el ramo, quizá resulte de mayor pertinencia trabajar con aquellas de las que ya se dispone, pero repensadas, orientadas y adaptadas a partir de las preguntas y objetivos de la propia investigación (etno)musicológica. Como sea, siempre es bienvenida una obra escrita a partir de las vivencias de un investigador, en la cual sistematice sus experiencias, cruzadas con lecturas, autores y ciertos aspectos teóricos, como la que realiza Ginesi. Un libro útil, sin duda, tanto para acercarse a la entrevista como para facilitar discusiones y abordajes en el tema.

Bibliografía referenciada

Forte, Maximilian. 2008. “How to Protect Yourself from an Anthropologist: A Code of Ethics from the Bottom Up (2.0)”. Zero Anthropology. Acceso: 1 de mayo de 2020. https://zeroanthropology.net/2008/09/09/how-to-protect-yourself-from-an-anthropologist-a-code-of-ethics-from-the-bottom-up/

Muñoz Martínez, Rubén y Claudia Salinas Boldo. 2018. “La crisis de autoridad del etnografiado. Metodologías encubiertas e investigación en derechos humanos y población vulnerable: dos estudios de caso en México”. Revista interdisciplinaria de estudios de género, vol. 4. Acceso: 1 de mayo de 2020. https://estudiosdegenero.colmex.mx/index.php/eg/article/view/158

Restrepo, Eduardo. 2016. Etnografía: alcances, técnicas y éticas. Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana.

Rufer, Mario. 2012. “El habla, la escucha y la escritura. Subalternidad y horizontalidad desde la crítica poscolonial”. En En diálogo. Metodologías horizontales en ciencias sociales y culturales, editado por Sarah Corona y Olaf Kaltmeier, 55-81. Ciudad de México: Gedisa.



[1] El libro está disponible para su descarga en el siguiente enlace (bajo licencia Creative Commons): http://www.sibetrans.com/manuales/manual/4/seguir-el-discurso-la-entrevista-en-profundidad-en-la-investigacion-musical Acceso: 1 de mayo de 2020.

[2] Para saber más de la colección puede verse: http://www.sibetrans.com/manuales/ Acceso: 1 de mayo de 2020.

[3] Mario Rufer –en su lectura de Spivak– señala que: “la academia fagocita el discurso del otro dentro de los marcos propios del texto científico. El discurso del otro no es sino una cita acomodada siempre a las categorías propias del discurso, y el subalterno tiene una posición ambivalente. Por un lado, ese no es ‘su discurso’, porque su lenguaje es siempre un exceso que no logra ser domesticado por entero. Pero, por otro, el subalterno queda dentro del discurso del logos Occidental” (2012).

[4] Algunas discusiones respecto a los límites y problemáticas del consentimiento informado han sido tratadas por Rubén Muñoz y Claudia Salinas (2018), quienes plantean la virtual imposibilidad del cumplimiento cabal del consentimiento informado. A su vez, a través de su trabajo de campo bajo lo que llaman estrategias de metodología encubierta, se aproximan a temas de acceso a la salud y de derechos sexuales y reproductivos en México. Arguyen, entonces, el horizonte ciertamente ético de trabajar en espacios de poder sin ningún tipo de consentimiento.

Un texto provocativo, que tiene en mente a las antropologías extractivistas, es el de Maximilian Forte (2008), quien pasa revista a un código de ética anquilosado por una impronta colonialista, en el cual, bajo una teórica anuencia de las comunidades investigadas, estas no se benefician de tales investigaciones y, por el contrario, el investigador es el gran beneficiado. El autor expresa algunas ideas sobre cómo articular un código de ética desde la base, mediante el cual las distintas comunidades puedan interactuar con todo proyecto e iniciativa que pretenda escudriñarlos, reclamando así una paridad en cuanto a beneficios de ambas partes.

[5] Si vale referir mi propia experiencia, en un estudio que realicé concerniente al campo de la música contemporánea mexicana, en el trabajo de entrevista a personajes encumbrados o pertenecientes a esferas medias-altas de las instituciones culturales mexicanas, lejos de que mi imagen como investigador significara una suerte de autoridad, tuve que enfrentar el desdén de uno que otro de mis interlocutores.

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