Resonancias: Revista de investigación musical

ISSN 0719 - 5702 (en línea); ISSN 0717 - 3474 (impresa)

N°47 /

Noviembre 2020

Portada Resonancias nº47 2020

Documentos

Personalidades sonoras en la creación de ópera. Sistematización de elementos musicales en la creación de personajes y su narrativa musical en El Cristo de Elqui

Por Miguel Farías

Instituto de Música, Pontificia Universidad Católica de Chile
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Resonancias vol. 24, n° 47, julio-noviembre 2020, pp. 207-226.
DOI: https://doi.org/10.7764/res.2020.47.12
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Introducción

Hernán Rivera Letelier es un autor que ha logrado crear un mundo personal, instalado en la pampa del norte de Chile. Este mundo se construye no solo en torno a las historias en que centra cada uno de sus libros, sino en los diversos bloques temáticos que construyen estas historias, los que a su vez se basan principalmente en los personajes y su propia trayectoria[1] y naturaleza.

Una de las principales características es la ausencia casi total de nombres propios en los personajes creados por Rivera Letelier.[2] En los relatos los conocemos principalmente por sus apodos, que derivan de la mencionada trayectoria de estos personajes. Esto es interesante para un proyecto como la escritura de una ópera, ya que, en principio, los personajes en las novelas de Rivera Letelier no tienen dobles lecturas y terminan siendo una agrupación de características que los distinguen. Estas características son valiosas para conformar un discurso sonoro, al facilitar la transformación de personajes literarios en materiales musicales.

Según Campoy (2006, 326), es posible que el apodo se pueda estudiar como un mecanismo interno que configura y estructura el relato general de la novela. Es justamente esta estructuración a través del apodo, o si queremos situarla en un espacio más general, a través de los adjetivos del relato y sus participantes, la que permite pensar en una historia de personalidades sonoras que no se definen a través de biografías en particular, sino a través de características claras y sencillas.

El argumento de la ópera

El proyecto de escribir una ópera sobre novelas de Rivera Letelier nace en 2013, un poco después de leer El arte de la resurrección (2010) y La Reina Isabel cantaba rancheras (1994). En este último, durante uno de los tantos momentos que narran lo posterior a la muerte de la Reina Isabel, se anuncia que el Cristo de Elqui está de paso por la oficina salitrera. Esta mención al personaje que emprende una aventura de por sí operática en El arte de la resurrección, fue suficiente para imaginar una ópera.

Domingo Zárate Vera, El Cristo de Elqui, recorre el desierto en búsqueda de la Magalena, una prostituta dulce, beata de la virgen, con la intención de que lo acompañe en el peregrinaje. Un héroe operático que, así como Orfeo baja a los infiernos en búsqueda de su Eurídice, recorre las oficinas salitreras en busca de Magalena Mercado. Esto, sumado a la red de personajes-apodos que vimos en La Reina Isabel cantaba rancheras, planteaban la posibilidad de una red de personalidades que podrían construir un discurso sonoro y musical interesante.

En El arte de la resurrección, el Cristo tiene intentos fallidos de practicar la resurrección (como es el caso de la broma que le juegan un par de mineros junto a Lázaro) y, cuando la derrota parece instalarse en su vida y su andar, el Cristo logra resucitar a la gallina Sinforosa al final del libro. La manera de juntar las dos novelas tiene que ver directamente con esta línea argumental y vino a mi mente inmediatamente en el inicio del proceso creativo: en el libreto definitivo de la ópera,[3] el Cristo de Elqui aparecería en el funeral de la Reina Isabel y la resucitaría.

Construcción de personalidades sonoras

He mencionado la idea de personalidades sonoras más de una vez y es necesario explicar a qué me he intentado referir con este concepto. La idea de asignar motivos, temáticas o ideas musicales a personajes o a situaciones no es nueva. El caso de Wagner y el uso del leitmotiv es una referencia en el mundo de la ópera, ya que el compositor construye complejas redes de ideas musicales que se generan unas a otras con el libreto como base. También es interesante la utilización de leitmotivs que propone Puccini, cuyas ideas musicales vinculadas a personajes o líneas argumentales involucran además referencias más amplias y, al mismo tiempo, más concretas (Ho 1994, 56-57). Por otro lado, las llamadas “tintas” de Verdi crean una caracterización musical de distintas ideas vinculadas al argumento narrativo de la ópera sin alusión directa a motivos musicales, sino que diluyendo esta asignación temática en diferentes parámetros musicales propuestos por el compositor (Rosen 1997, 344).[4]

En el proceso de creación de El Cristo de Elqui, en lugar de recurrir a alguna de estas ideas, intenté acercarme al procedimiento del mismo Hernán Rivera Letelier de asignar características adjetivizantes –en nuestro caso en lo musical– a cada personaje, teniendo su construcción narrativa dentro de las novelas del autor nortino como referente.

En paralelo a la red de apodos propuestos por Rivera Letelier, el autor aplica adjetivos a cada personaje, los que terminan por completar la construcción de cada uno como un mundo particular.[5] Respecto a este complemento entre apodos y adjetivos, Campoy (2006, 333) dice lo siguiente:

Pero no solo estos “epítetos” se desprenden del apodo, sino todo lo que rodea a los personajes. A partir de los sobrenombres el autor configura todo el mundo que rodea y conforma a cada personaje.

Los personajes no solo “son” sus apodos y adjetivos, sino que emprenden maneras de funcionarque los definen en la obra. Es en este mecanismo en el que centré mi trabajo en torno a la construcción de los personajes de El Cristo de Elqui. Para resumir: la creación de personalidades sonoras no se enfoca en trabajar con temas musicales, leitmotives, melodías o elementos musicales que directamente refieran a los personajes o situaciones argumentales, es la construcción de maneras de funcionar centradas en diversos parámetros musicales preseleccionados, la que da vida a un personaje y define su manera de sonar en la ópera.

Los personajes de la ópera

A continuación describiremos algunos de los personajes de las novelas La Reina Isabel cantaba rancheras y El arte de la resurrección, de Hernán Rivera Letelier, y explicaremos cómo estos personajes están “compuestos” en la ópera El Cristo de Elqui, con el propósito de caracterizar la construcción de personalidades sonoras como procedimiento o mecanismo compositivo, en base a la auto-observación de la experiencia de la creación de la ópera.

En El Cristo de Elqui es posible separar a los personajes en dos grandes grupos. Ambos grupos tienen que ver con las relaciones de poder desde distintos espacios sociales. El poder institucional está representado en los personajes vinculados a la Iglesia y la Policía. Por otro lado, el poder popular y cotidiano está representado en las prostitutas y los trabajadores. El Cristo de Elqui se sitúa en un espacio común entre ambos poderes y adapta su personalidad sonora a la situación en que se encuentre.

Para comprender los procesos de creación de los personajes, partiré por describir la construcción de personalidades sonoras de las prostitutas.

Magalena

“Morena, de cabellera trigueña, ojos levemente entrecerrados y pupilas profundas. Así era Magalena Mercado” (Rivera Letelier 2010, 75). De esta manera comienza describiendo Rivera Letelier a Magalena. Dos cosas llaman la atención de esta descripción. Primero, el carácter dócil que podría sugerir el que sus ojos siempre estén levemente entrecerrados. Segundo, el que este personaje tenga nombre propio y no apodo.

Luego, Rivera Letelier sigue: “Su cuerpo de curvas suaves y movimientos lánguidos dejaba en el aire una sensual estela de paloma enferma. Y esto se corroboraba tanto en sus gestos como en el timbre cadencioso de su voz” (2010, 75).

Mi interpretación personal, después de leer este párrafo, refuerza la idea del carácter dócil de la prostituta. La suavidad, la languidez, la mención al aire y a las estelas, me proponen una personalidad dulce en lo musical. También lo sugieren la mención al timbre de la voz de Magalena. Finalmente, Rivera Letelier complementa la descripción de la siguiente manera: “Decían algunos que tenía voz de dormitorio” (2010, 75).

Esta última frase instaló inmediatamente mi imaginario sonoro en un espacio no solo lánguido y dulce como antes mencionaba, sino además ubicado en un lugar cerrado y seguro, una situación sin riesgos. Para la traducción musical de esta descripción, intenté asignar características a distintos parámetros musicales.

Respecto a lo melódico y/o a las alturas, Magalena evitaría las disonancias, lo cual marcaría uno de sus comportamientos sonoros. Utilicé escalas pentáfonas, no sistematizadas de manera tonal o modal, sino pensadas como un gran bloque de material que se mueve en masa, que desplaza sus alturas-eje en torno a su desarrollo narrativo.

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Figura 1 / Comportamiento melódico del personaje sonoro asociado a Magalena, cc. 1379-1382 (Farías 2017).

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Figura 2 / Comportamiento melódico del personaje sonoro asociado a Magalena, cc. 1467-1469 (Farías 2017).

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Figura 3 / Comportamiento melódico del personaje sonoro asociado a Magalena, cc. 1477-1480 (Farías 2017).

También respecto al ámbito melódico, Magalena sería un personaje que se desplazaría musicalmente a través de melismas: curvas suaves y aires de sensualidad para sugerir que el personaje deja estelas en su andar.

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Figura 4 / Melismas del personaje sonoro asociado a Magalena, cc. 1516-1518 (Farías 2017).

En cuanto al timbre, intenté hacer coincidir vocales de boca abierta con los melismas pentáfonos, y vocales de boca cerrada con los desplazamientos de estas estructuras de alturas como bloque antes descritas.

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Figura 5 / Melismas y correspondencias tímbricas en personaje sonoro asociado a Magalena, cc. 1511-1513 (Farías 2017).

Como ya mencioné, Magalena Mercado es uno de los escasos personajes que encontramos en las novelas de Rivera Letelier que tiene nombre propio y no está construido en torno a un apodo. En mi interpretación y traducción a un discurso musical, esto refuerza el carácter dulce de Magalena, siendo un personaje que, a través de la consonancia, “suena” transparente y sincero. Por otro lado, Magalena no se desplaza a través de estructuras tonales, ni de ejes de alturas claros; así como en la narración de Rivera Letelier, su origen tampoco es bien conocido.[6]

Ambulancia

Para construir la personalidad sonora de este personaje me basé en varias de las descripciones hechas por Rivera Letelier. Ella es retratada en la novela La Reina Isabel cantaba rancheras como una mujer imponente, tanto en su físico como en su personalidad:

Gorda, soberbia, monumental, lo que se llama una doña puta (Rivera Letelier 1994, 87).

En esos momentos ella es la dueña absoluta de la arteria, la madama inexorable del campamento, la soberana taimada de esas pampas epopéyicas. El mundo entero se mueve al compás de sus nalgas espléndidas, al balanceo grave de su andar de paquiderma (Rivera Letelier 1994, 88).

Para trabajar este personaje sonoro, me basé en la idea de su imponente presencia y, principalmente, en la idea de una mujer extremadamente sensual y dominante:

Desde el interior de los boliches esquinados a lo largo de la avenida, estentóreos de música ranchera y “cumbia del oeste”, los sublimes beodos nuestros de cada día detienen por un momento la zalagarda de sus oratorias solemnes para obsequiarla con grandilocuentes besos al aire y obscenos requiebros de cama. Impúdicas lisonjas del color del vino que vienen a estrellarse, cual inofensivas pajaritas de papel, contra el escudo radiante de su sonrisa desdeñosa (Rivera Letelier 1994, 88).

Por otro lado, siempre se insinúa la noción de rastros de sensualidad o de estelas de su presencia:

A su paso ampuloso, las oscuras mujeres del campamento corren a asomarse a las ventanas, alborotadas e impertinentes. La visión de esta hembra babilónica, exuberante, rotunda de sensualidad y lujuria, las hace imaginar cópulas monstruosas soñadas por ellas en salaces noches de insomnio. Secretas fantasías de dormitorio que de mañana doblan presurosas y culpables y guardan junto a sus percudidas sábanas de sacos en los últimos cajones de sus polvorientas rutinas de esposas abnegadas (Rivera Letelier 2010, 87-88).

Pero ahí va, fresca, limpia, magnífica, destellante como un iceberg. Perfumada enteramente de pies a cabeza. Aunque el insulso aroma químico de su agua de colonia inglesa no pueda mitigar por mucho rato esas glandulares secreciones de hembra grandiflora que emanan, fosforescentes, desde los profundos pliegues de su piel lechosa (Rivera Letelier 2010, 89).

Incluso la idea de estelas es reforzada en momentos al describir no solo su sensualidad como rastro, sino los olores que brotan de la mujer: “Excitantes sustancias odoríferas (nauseabundo olor a pescado para los pusilánimes) que en el sopor del mediodía pampino se resuelven en un cuajante llamado de animal en celo” (Rivera Letelier 2010, 89).

Para sintetizar todo este material, decidí crear un personaje que, a través de la melodía como parámetro, fuese capaz de instalar una sonoridad de lo sensual. Para esto utilicé escalas y modos que incluían terceras menores como intervalos de importancia, de alguna manera referenciando la escala menor armónica y su utilización exótica.

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Figura 6 / Comportamiento melódico del personaje sonoro asociado a la Ambulancia, cc. 913-915 (Farías 2017).

El contorno melódico tiene características zigzagueantes y tiende a recorrer tesituras importantes:

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Figura 7 / Comportamiento melódico del personaje sonoro asociado a la Ambulancia, cc. 943-946 (Farías 2017).

Finalmente, la idea de estelas es retratada a través de la instrumentación. Las melodías y la gestualidad musical de la Ambulancia es siempre repetida por partes de la orquesta:

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Figura 8 / Personaje sonoro asociado a la Ambulancia y su relación con la orquesta, cc. 926-936 (Farías 2017).

Reina Isabel

La Reina Isabel es protagonista en la célebre novela de Rivera Letelier y tiene un rol articulador en la ópera El Cristo de Elqui. La muerte de la Reina divide la ópera en dos. Su resurrección da al Cristo de Elqui el poder de ser el Mesías que venía prometiendo ser, y su personalidad sonora define varias de las sonoridades de la ópera en general.

La primera idea de la Reina es, claramente, que canta rancheras. Principalmente, la Reina referencia a distintos parámetros de la ranchera como estilo y como ritmo. Por otro lado, en la ópera hay una pequeña canción en formato de ranchera, en Fa mayor, y que en un principio no tiene ninguna transformación respecto al género popular. Incluso, se da la opción de que la misma cantante toque la guitarra antes de que se sume la orquesta al acompañamiento.

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Figura 9 / Ranchera de la Reina Isabel con acompañamiento de guitarra, cc. 1230-1238 (Farías 2017).

Esta ranchera muta poco a poco para volver a la sonoridad que ya había instalado la Reina con anterioridad. Esta sonoridad, como ya mencioné, refiere a la ranchera de distintas maneras. Por un lado, se dibuja la rítmica en 2/4 y la gestualidad características de la ranchera:

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Figura 10 / Orquestación de acompañamiento que refiere a una Ranchera, cc. 948-958 (Farías 2017).

También se intenta imitar el timbre o color del rasgueo de una guitarra, a través de pizzicatos arpegiados en cuerdas cuádruples en la sección de cuerdas:

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Figura 11 / Orquestación de imitación de rasgueo de guitarra en acompañamiento de Ranchera, cc. 1078-1086 (Farías 2017).

Y, finalmente, se recurre frecuentemente a la utilización de bronces en respuestas o contra-melodías a las líneas cantadas por la Reina Isabel, en referencia a las rancheras clásicas mexicanas:

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Figura 12 / Orquestación acompañamiento de Ranchera, inclusión de bronces, cc. 998-1006 (Farías 2017).

Incluso, en un momento, se incluye una cita a una ranchera popular:

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Figura 13 / Cita en arreglo orquestal de la melodía de “La Mochila Azul”, cc. 955-958 (Farías 2017).

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Figura 14 / Cita en arreglo orquestal de la melodía de “La Mochila Azul”, cc. 959-963 (Farías 2017).

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Figura 15 / Inicio arreglo de la canción “La Mochila Azul”, de Pedro Fernández.

Con esta suma de parámetros intenté reinterpretar la ranchera como sonoridad, para asignarla a la Reina Isabel como su propia voz y como su comportamiento musical dentro de la ópera.

Otro grupo de personajes que interviene en la ópera son los que pertenecen al poder institucional: los Obispos, el Cardenal, el Sacerdote y los Policías. En lo que se refiere a sus parámetros musicales, tanto los personajes eclesiásticos como los policías están construidos en torno al orden.

Los Policías

Los Policías se relacionan entre ellos a través de contrapunto imitativo, en una red motívica que está construida casi siempre sobre estructuras tonales, con el fin de instalar una manera de cantar estructurada y con referencia a lo tradicional:

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Figura 16 / Comportamiento melódico del personaje sonoro asociado a los Policías, cc. 1731-1737 (Farías 2017).

Este orden textural y melódico, es complementado con la inclusión de cadencias armónicas tradicionales:

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Figura 17 / Comportamiento melódico del personaje sonoro asociado a los Policías, cc. 1738-1744 (Farías 2017).

Cardenal, Obispos y Sacerdote

Los personajes eclesiásticos se construyen sobre intervalos justos, como quintas y octavas. Los recorridos melódicos de estos personajes están basados en la octava, tanto en sus tesituras como en su interválica, como se muestra a continuación para el caso de los Obispos y el Cardenal, en el prólogo de la ópera:

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Figura 18 / Uso de la octava en comportamiento melódico de personajes sonoros asociados al Cardenal y los Obispos, cc. 119-123 (Farías 2017).

Más adelante, el Sacerdote también irrumpe con una construcción melódica basada en la octava, intervalo que es roto cromáticamente para insinuar su desesperación:

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Figura 19 / Uso de la octava en comportamiento melódico de personaje sonoro asociado al Sacerdote, cc. 1691-1694 (Farías 2017).

Mientras más hablan del Cristo de Elqui, las disonancias comienzan a aparecer. Específicamente, los Obispos comienzan a entonar tritonos de manera cada vez más frecuente. La razón de esto se explicará más adelante, al describir la personalidad sonora del Cristo de Elqui:

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Figura 20 / Inclusión del tritono en comportamiento melódico de personajes sonoros asociados al Cardenal y los Obispos, cc. 162-166 (Farías 2017).

Por otro lado, específicamente el Cardenal, canta líneas con grandes melismas, dado el orden institucional y la burocracia que representa. Las melodías del Cardenal tardan, artificialmente, en llegar a su momento cadencial:

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Figura 21 / Melismas en comportamiento melódico de personaje sonoro asociado al Cardenal, cc. 2121-2124 (Farías 2017).

En la última escena de la ópera, en muchos de sus momentos cadenciales el Cardenal es acompañado por triadas mayores perfectas en la orquesta. La trinidad dibujada en la armonía orquestal es muchas veces inesperada respecto a la trayectoria melódica de este personaje.

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Figura 22 / Uso de triadas mayores en acompañamiento orquestal al personaje sonoro asociado al Cardenal, cc. 2107-2110 (Farías 2017).

Así, el orden institucional es pensado en relación a la estructura musical. Su principal referencia se halla en las reglas musicales, a diferencia de las prostitutas, quienes son construidas en lo sonoro de manera intuitiva y con muchas referencias extra-musicales.

El Cristo de Elqui

El protagonista de la ópera es el personaje con momentos más variados en su construcción. Esta decisión tiene que ver justamente con la personalidad del personaje, expuesta en El arte de la resurrección, de Rivera Letelier. En principio, una idea importante para este personaje fue la utilización del tritono como elemento que caracterizara su posible locura. Diferentes pasajes del Cristo están basados en este intervalo.

Algunos ejemplos:

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Figura 23 / Uso del tritono en comportamiento melódico de personaje sonoro asociado al Cristo de Elqui, cc. 774-776 (Farías 2017).

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Figura 24 / Uso del tritono en comportamiento melódico de personaje sonoro asociado al Cristo de Elqui, cc. 1181-1183 (Farías 2017).

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Figura 25 / Uso del tritono en comportamiento melódico de personaje sonoro asociado al Cristo de Elqui, c. 1447 (Farías 2017).

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Figura 26 / Uso del tritono en comportamiento melódico de personaje sonoro asociado al Cristo de Elqui, c. 1461 (Farías 2017).

Pero la primera intervención del Cristo se da a través de un intervalo de quinta justa, sonoridad que, junto con el intervalo de octava, está relacionada y ya instalada como parte del lenguaje de los Obispos y el Cardenal. Su primera frase, “sabemos dónde hemos nacido”, viene cargada de sabiduría y razón. Pero inmediatamente esto se traslada al mundo sonoro del tritono y la disonancia:

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Figura 27 / Uso del tritono en primera intervención del Cristo de Elqui, cc. 514-518 (Farías 2017).

Este “amague” de razón con el que nuestro protagonista comienza su participación en la ópera, instala una de las principales características de la personalidad sonora construida para este personaje: la ambigüedad.

A veces parece cuerdo y otras no. A veces es sensible y a veces, frío y rígido. Pero, principalmente, a veces parece ser parte del poder institucional y, otras, de los poderes de lo cotidiano expuestos en la ópera. La personalidad sonora del Cristo, como ya mencionamos, se basa en el contraste, en lo ambiguo, y esto se realza en su relación con el resto de los personajes sonoros de la obra. A continuación, algunos ejemplos.

En el momento en que se encuentra con la Reina Isabel (Farías 2017, Escena 2), el Cristo de Elqui interviene mediante lo que parece ser una sonoridad urbana, con reminiscencias a texturas y orgánicas instrumentales del jazz. Esto es en respuesta a la sonoridad de la Reina, quien entra en escena y habla con el Cristo, como ya he mencionado, sobre una textura construida en torno a la ranchera. La respuesta del Cristo pretende alejarse de este estilo, para crear un contraste, pero sin apartarse del lenguaje en que pueden coincidir ambos (músicas populares).

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Figura 28 / Acompañamiento orquestal en encuentro de personajes Cristo de Elqui y Reina Isabel, cc. 1044-1050 (Farías 2017).

El Cristo, en general, se adapta al espacio donde se encuentra, así como a los personajes con los que interactúa. Esto lo conecta con un último grupo de personajes sonoros, los que refieren al espacio físico. El Cristo en muchas ocasiones se define como parte del espacio, como, por ejemplo, hacia el final de El arte de la resurrección, cuando Magalena y el Cristo de Elqui tienen la siguiente conversación:

— ¿Le duele la cabeza, Maestro?

El Cristo de Elqui, con sus manos siempre aferradas a las sienes, sin dejar de mirar el firmamento, le reveló solemne:

—Me duele el universo (Rivera Letelier 2010, 233).

Por otro lado, en muchos casos la pampa, como espacio, es descrita por Rivera Letelier con imágenes que evocan lo sonoro, como, por ejemplo, en las primeras líneas del capítulo 1: “La pequeña plaza de piedra parecía flotar en la reverberación del mediodía ardiente […]” (2010, 13).

En La Reina Isabel cantaba rancheras, hay procedimientos similares y así lo describe Campoy (2006, 333): “A partir de los sobrenombres el autor configura todo el mundo que rodea y conforma a cada personaje. Es por esto que los camarotes, lugar más íntimo y propio de los personajes, también están relacionados con los apodos”.

Vemos, entonces, cómo el espacio en que estos personajes habitan, pasa a ser parte de la construcción de sus personalidades y de sus mundos.

Estas ideas me llevaron a dotar al desierto de características que lo convirtieran en un personaje sonoro de la ópera. Un personaje que no interactúa con los demás, sino que sostiene la ópera y la narrativa en general. Su “voz” aparece en los inicios de cada acto, así como en los momentos de unión de escenas y situaciones. Como si el desierto mismo trasladara la atención y a los personajes de un lugar a otro.

El desierto como personaje

La construcción de la sonoridad del desierto está centrada en la idea de espacio casi sin límites: la enormidad de lo físico, representada en la creación de espacios virtuales sonoros. Este espacio virtual es construido a través de acordes con intervalos separados por grandes tesituras y con resonancias en armónicos en registros sobreagudos, con mínimas variaciones en articulación e intensidad.

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Figura 30 / Comportamiento musical de personaje sonoro asociado al Desierto, inicio escena 4, cc. 1950-1960 (Farías 2017).

Por otro lado, existe una capa superior que complementa esta construcción de la textura que representa el sonido del desierto. La utilización de mangueras corrugadas representa el canto de la pampa. Estos instrumentos reproducen una especie de silbido al hacerlos girar en el aire y, dependiendo de la velocidad con que se giren, se obtienen distintas alturas, pertenecientes al espectro armónico relativo a la fundamental que posea cada manguera. La voz del desierto, entonces, está representada por este silbido que canta en cada una de sus apariciones solistas:

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Figura 31 / Comportamiento musical de personaje sonoro asociado al Desierto, cc. 833-847 (Farías 2017).

A lo anterior se suma en algunos momentos el coro fuera de escena que, a través de vocalizaciones, refuerza la idea de voz de la pampa.

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Figura 32 / Comportamiento musical de personaje sonoro asociado al Desierto, cc. 71-82 (Farías 2017).

El coro de prostitutas como espacio

El prostíbulo se presenta con el coro de las prostitutas cantando una melodía que intenta rememorar una estética de cabaret de mediados del siglo XX. Esta melodía es antecedida por un extracto instrumental en que nuevamente es el desierto el que habla, e instala la idea del espacio como personaje. En esta sección intenté dar una sensación de movimiento y sugerir que la ópera se traslada de la pampa a un prostíbulo imaginario. Los elementos rítmicos ternarios del coro de las prostitutas hacen su aparición poco a poco, entrelazados con la desaparición de los elementos de la personalidad sonora del desierto, descrita anteriormente.

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Figura 33 / Comportamiento musical asociado al Coro de Prostitutas, cc. 848-858 (Farías 2017).

Reflexiones finales

El proceso de creación de personalidades sonoras resulta interesante al comparar los distintos pasos que conlleva. En un principio, la lectura y el apego al texto de origen en el que se basó el libreto –en este caso las novelas de Rivera Letelier– para interpretar a los personajes desde la fuente funcionó como un momento de recolección de material antes del trabajo definitivo, pero el proceso de creación de los personajes de alguna manera se concretó en un espacio aislado del texto original, ya que se pusieron en juego parámetros puramente musicales, que funcionaron como interpretación de los datos recolectados en primera instancia.

El hito final, en el que tenemos a los personajes plasmados en la ópera y narrados a través del libreto definitivo, es una síntesis de dos mundos que en principio no coinciden.

Mauricio Kagel (Kagel y Barras 1985, 92) hablaba de un procedimiento parecido al describir su trabajo en la creación de la obra Aus Deutschland (1981). Kagel nombraba al proceso de creación de una realidad que se adjunta a la realidad pre-existente como “líbido artística”. El proceso descrito por el compositor argentino-alemán se asemeja en su estructura al que describí en este trabajo: Kagel proponía una triangulación de situaciones creativas y de información/inspiración como espacios de visita en el proceso de composición. Los ángulos de esta triangulación son una realidad ya existente sin la necesidad de que el creador exista, una realidad inventada por el autor, y una tercera realidad reconocida, que podríamos asimilar, en nuestro caso, a la nueva lectura narrativa de una realidad sonora (Kagel y Barras 1985).

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Figura 34 / Proceso de creación descrito por M. Kagel. Tomado de Kagel y Barras 1985, 92. Traducido por el autor.

Gyorgy Ligeti, por otro lado, en una entrevista, pone en tensión los procesos creativos de su ópera Le Grand Macabre y su proyecto de ópera sobre La Tempête. El compositor señala que, en la primera, la psicología creada para los personajes no fue un tema importante, mientras que en la segunda las psicologías generarían la estructura general de la obra (Politi 1985, 124). Justamente, las personalidades sonoras en El Cristo de Elqui definen el discurso general y la narrativa completa de la música de la ópera. En un caso extremo, podríamos eliminar todos los textos de la obra y debiera aún existir una narrativa clara a nivel puramente musical.

Por otro lado, el hecho de entender los espacios como personajes sonoros nos instala en realidades dinámicas dentro de la obra. La idea de realidades dinámicas puede ser representada en la triangulación propuesta por Kagel (Kagel y Barras 1985), en donde mundos que existen en paralelo deben generar una continuidad para que el proceso creativo tenga un fin claro. La novela original no depende del artista-compositor, pero sí de la interpretación musical de su contenido para poder considerarse ópera. Así, también, el creador no necesita ser parte de la ópera terminada y de su contexto, pero sí es vital en el proceso de interpretación y traducción de texto a sonido. De todas maneras, como plano general que sostiene la triangulación de realidades de Kagel, me es necesario considerar el contexto socio-político en que estas realidades o mundos narrativos se visitan y se interpretan a través de la práctica de la composición.

Todo lo expuesto, considerando los procesos compositivos descritos en este trabajo, me hace proyectar la idea de la creación de personalidades sonoras como un procedimiento efectivo en la interpretación del contexto socio-político de un texto. Las referencias tanto culturales como narrativas específicas vinculan la composición con su entorno, y este parece ser un proceso recurrente en las óperas creadas por compositores durante los siglos XX y XXI. La creación de personalidades sonoras trae resultados con condiciones narrativas efectivas al interpretar el texto de origen de manera intuitiva, a través de parámetros y técnicas compositivas concretas. Por otro lado, como procedimiento creativo resulta complejo de sistematizar desde un aspecto técnico composicional, y puede definirse a través de la experiencia misma, a través de lo que Kagel ya mencionaba como “reconocer” realidades, a través de la composición musical.

Bibliografía

Campoy, Emiliano Matías. 2005. “La misión fundante de los apodos enLa Reina Isabel cantaba rancheras de Rivera Letelier”. Cuadernos del CILHA 7 (7-8): 321-336. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=181720523001

Farías, Miguel. 2017. El Cristo de Elqui. París: Babelscores.

Ho, Min. 1994. “The Leitmotif Technique in Puccini’s La Bohème, Tosca and Madama Butterfly. A Critical Examination of Transformation Procedures”. Tesis de Doctorado, Universidad de Saskatchewan, Sakatoon.

Kagel, Mauricio y Vincent Barras. 1985. “Sur Aus Deutschland”. En Opéra: Revue Contrechamps n° 4, editado por Philippe Albera, 91-99. Ginebra: Éditions Contrechamps.

Politi, Edna. 1985. “Entretien avec Ligeti”. En Opéra: Revue Contrechamps n° 4, editado por Philippe Albera, 123-127. Ginebra: Éditions Contrechamps.

Rivera Letelier, Hernán. 1994. La Reina Isabel cantaba rancheras. Santiago de Chile: Alfaguara.

________. 2010. El arte de la resurrección. Santiago de Chile: Alfaguara.

Rosen, David. 1997. “Meter, Character, and Tinta in Verdi’s Operas”. En Verdi’s Middle Period 1849 – 1859, editado por Martin Chusid, 339-392. Chicago / Londres: The University of Chicago Press.



[1] Específicamente en un momento de sus trayectorias, como hechos figurativos que los “crean” en la narración. Los apodos en particular, y el momento en que estos apodos son acuñados, parecieran crear a los personajes en las novelas de Rivera Letelier.

[2] Es importante destacar que la ausencia de nombres propios no es total, ya que, como veremos más adelante, existen personajes como la Magalena, en el que la existencia de un nombre propio se relaciona directamente con la construcción de este personaje y sus características.

[3] Escrito por Alberto Mayol, basado en las novelas El arte de la resurrección (2010) y La Reina Isabel cantaba rancheras (1994).

[4] Un claro ejemplo se encuentra en La Traviata, donde la construcción rítmica que representa las situaciones vinculadas al amor y a las relaciones, sugiere o referencia al vals y a métricas en 3/4.

[5] En Campoy (2006, 332) hay ejemplos de cómo los personajes se completan con el apodo y sus adjetivos, así también, algunas comparaciones entre la construcción de diferentes personajes.

[6] Algunos ejemplos del origen desconocido de Magalena en Rivera Letelier: “Aunque con don Anónimo no había duda de que había llegado en el enganche de enfermos mentales, nadie, en cambio, podía jurar por su madre que Magalena Mercado hubiese sido parte de ese hatajo de lunáticos. Y es que cada vez que se quería vilipendiar a alguien se echaba a correr el rumor de que fulano de tal […] era uno de los que había llegado en el tren de los orates” (2010, 73). “De tal manera que este traficante de seres humanos, el tal Pancho Carroza, era el único que podría haber dado fe de si Magalena Mercado había formado o no parte del famoso enganche” (2010, 74). “Lo que por cierto nadie negaba era el hecho indesmentible de que el comportamiento de Magalena Mercado –‘la puta camandulera’, como la llamaban las señoras del campamento– hacía suponer, a todas luces, que era una loca rematada” (2010, 74).

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