Por um Chile libertado, na memória documental da Casa de las Américas

Resonancias vol.27, n°53, julio-diciembre 2023, pp. 193-212.

DOI: http://doi.org/10.7764/res.2023.53.10

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…se puede convertir en rifle

una guitarra, una voz, un tambor,

como se puede convertir en una batalla

una mirada, una intención.

Haydee Santamaría

Chile ha estado siempre en la mirada y el corazón de la Casa de las Américas; una relación que ha dejado trazas muy profundas que es posible desandar desde las tramas documentales que conserva la institución. Un mural de Roberto Matta recibe al visitante, un gesto para afirmar que, ya en 1962, Cuba es la capital de la esperanza por un mundo mejor; la voz y la obra de Pablo Neruda grabada por Casa en aquel disco temprano dejó testimonio de su paso por La Habana en enero de 1961; mientras que una arpillera de Violeta Parra, en su acostumbrado lugar en el salón de la presidencia, observa cómplice cada buen empeño que la institución emprende desde los tiempos de Haydee Santamaría. La fundadora y presidenta de la Casa sentía tanto respeto por Violeta[1] que obsequió a Isabel Parra sus libros con las Obras completas de José Martí, como gesto de profunda admiración por la vida y obra de la cantora.

Esos ideales martianos compartidos con los artistas, escritores e intelectuales chilenos que habían sembrado la historia cultural de la Casa, nutrieron también a la generación que protagonizó el triunfo de la Unidad Popular y su presidente Salvador Allende. Durante los intensos años de gobierno popular, cubanos y chilenos, hermanados en la lucha y el arte, trazaron una profunda huella en la memoria documental de la institución y en las páginas de la revista Casa y del boletín Música. En el Archivo de gestión de la Dirección de Música[2] se atesoran las cartas cruzadas, notas de saludo y, muy especialmente, los programas de los recitales que ofrecieron al público cubano Ángel Parra, Isabel Parra,[3] Quilapayún,[4] Inti-Illimani,[5] el Conjunto Folclórico de la Universidad del Norte de Chile,[6] en estrecha colaboración con Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Sergio Vitier y otros integrantes del Grupo de Experimentación Sonora del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), los grupos Moncada y Manguaré. En 1972, Víctor Jara protagonizó dos relevantes momentos: en marzo, el concierto El canto libre de Víctor Jara, cuya grabación se conserva en el archivo sonoro de la Casa,[7] y luego en septiembre, el Encuentro de Música Latinoamericana, en el que participó junto a sus compatriotas Fernando García, Isabel Parra y Gonzalo Grondona.[8]

 

Figura 1.1 / Programa del recital de canciones De aquí y de allá, con Isabel Parra, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y Sergio Vitier. 15 de octubre de 1971.

Figura 1.2 / Programa del concierto Cantar y contar las canciones de Violeta Parra, con Isabel Parra y Sergio Vitier. 22 de octubre de 1971.

Figura 1.3 / Programa de concierto del conjunto Inti-Illimani. 28 de marzo de 1972.

Figura 1.4 / Programa de concierto del Conjunto Folclórico de la Universidad del Norte de Chile. 14 de marzo de 1972.

Figura 1.5 / Programa del concierto El canto libre de Víctor Jara. 4 de marzo de 1972.

Por eso, aun en el horror y la angustia provocada por aquel 11 de septiembre de 1973, Casa tomó clara conciencia de su responsabilidad con el movimiento de solidaridad, la resistencia antifascista del pueblo chileno y la preservación de la memoria. A través de sus eventos y revistas promovió y difundió las acciones de denuncia y compiló una variada documentación –correspondencia, fotos, registros sonoros, partituras, textos inéditos y editados– que da cuenta de la realidad de ese país y de sus hijos en el exilio. Por otra parte, los programas de mano, íntegros en su potente propuesta visual y de contenido, han desafiado el paso del tiempo para guardar evidencias de los conciertos realizados en la Casa de las Américas en homenaje al pueblo chileno. Es esa la documentación que ahora revisitamos en afán de mostrar el impacto que tuvo el golpe militar contra el gobierno del presidente Allende en los músicos y la música de nuestro continente.

Las primeras resonancias aparecieron en la revista Casa de las Américas No. 81 de noviembre-diciembre del 73, bajo el título “El pueblo unido jamás será vencido”. Dicho volumen abrió sus páginas con la declaración oficial de la institución en repudio al golpe fascista:

 …aunque esos hechos sombríos no nos sorprenden –Fidel lo había denunciado diecinueve meses antes de que ocurrieran–, la magnitud y naturaleza de los mismos no pueden sino provocar nuestra violenta repulsa, nuestra indignación, nuestro dolor. No es de palabras que hablamos, sino de hechos. Y no de hechos abstractos, sino de hechos concretos: de compañeros muchos de los cuales hemos conocido, admirado, querido. A los nombres ya divulgados, en estos días han venido a sumarse los de Víctor Jara y los integrantes del conjunto folclórico Aucamán, monstruosamente asesinados. Muchos otros artistas padecen cárcel o campo de concentración. La fidelidad de estos compañeros a su pueblo, el haberle dado voz a sus anhelos con belleza, ternura y fuerza, es el delito que se les puede imputar, y con ellos a los más altos creadores chilenos. Solo que ese supuesto delito es el mayor honor que puede alcanzar un artista en cualquier país (S/A 1973a, 2).

En el mismo año, el boletín Música, en su número 40, rinde homenaje a Víctor Jara con la transcripción de sus diálogos y reflexiones compartidas con el público cubano, así como la producción del tríptico discográfico Víctor Jara: una guitarra, un fusil, que reúne algunas de las grabaciones realizadas por Víctor durante su paso por La Habana. Esto se produjo y puso en circulación con inmediatez al conocerse la noticia de su asesinato. Cinco años más tarde, algunos de esos materiales formaron parte del libro Habla y canta Víctor Jara, de la colección editorial Nuestros países (1978) y del disco homónimo que acompañó el volumen.

Testimonios, poemas, artículos y mensajes de sus contemporáneos quedaron reunidos en el expediente personal del artista revolucionario compilado por la Dirección de Música, en el cual se conserva más de un centenar de documentos.[9] Entre ellos, en un breve texto inédito titulado “Las raíces y la fronda”, Argeliers León realizó el siguiente análisis:

No sé en qué momento de su vida Víctor Jara produjo su versión del Romance del enamorado y de la muerte, ni sé ahora si lo trabajó solo o en los arrimos que supo hacer de Sergio, Celso, Eduardo o Patricio, pero reoyéndolo ahora –para dejar estas líneas– hago volar la imaginación y se me ocurre situarlo en un punto de convergencia o de feliz encrucijada en medio de un rico manojo de vías que le sonaban, desde niño, y las que desde aquel instante siguieron brotando de su creación […] Quiero imaginar lo que tuvo que haber sido este encontrar su imagen de hombre americano al acercarse al romance citado, e imaginar así mismo cuántos otros romances pasaron por su canto, y cómo y por qué; y qué sintió, qué le llegó a dejar esta marca de identificación con su música, una especie de nudo que permitiría asir, desde él, toda su obra, que recoge lo que traía de su pueblo, y vuelve a expandirse, desde él, su creación (León 1978).

El boletín Música se mantuvo atento a lo que sucedía en las redes de solidaridad y en su número 43 de 1973 dejó registro de dos documentos firmados por músicos y cantantes, en los que se condena el golpe militar y se convoca a “organizar la solidaridad” con el pueblo chileno. El primero de ellos, firmado en la Argentina, incluyó las rúbricas de Horacio Guarany, Armando Tejeda Gómez, César Isella, Osvaldo Avena y Víctor Heredia. El otro fue suscrito en Francia y reunió a intérpretes latinoamericanos y europeos, entre ellos Daniel Viglietti, Mercedes Sosa, Paco Ibáñez, Raimon, Carlos Puebla, François Rabath, Leny Escudero, Pi de la Serra y Xavier Ribalta (S/A 1973b).

Un relevante momento –a inicios de 1974– fue el concierto-homenaje titulado El canto libre de Víctor Jara, que tuvo lugar en el capitalino teatro Amadeo Roldán, protagonizado por los chilenos Isabel Parra y Patricio Castillo junto al grupo cubano Moncada. El compromiso político quedó expresado en las canciones de Víctor, Viglietti, los Parra y Silvio. Aquella noche reservó un lugar especial para el estreno de la obra La primavera muerta en el tejado, con música de Castillo y textos que Patricio Manns comenzó a escribir en la clandestinidad y terminó en La Habana. Dedicada íntegramente a denunciar el salvajismo y la ferocidad del golpe fascista, la obra recoge las mejores instancias de la música popular, al entretejer cinco canciones: “Cuando apareció”, “Las manadas”, “Pichona sin pichón”, “El soldado ciego” y “Cuando se fue” (S/A 1974a, 38).[10]

“Alzamos nuestra voz en solidaridad con nuestros hermanos de Chile, en lucha contra el fascismo…”, fue la declaración de los cantadores, decimistas, improvisadores e instrumentistas de Panamá, Perú, Puerto Rico y Venezuela que llegaron a Casa en junio del 74 para participar, junto a los cultores cubanos, en la primera edición de Un cantar del pueblo latinoamericano, evento que tendría una segunda edición al año siguiente. En el original del documento quedan plasmadas las firmas de Juan Andrés Castillo, Benjamín Acevedo y Arquímides Vázquez (Panamá), Nicomedes Santa Cruz y el grupo Hermanos Vázquez Díaz (Perú), Andrés Jiménez (Puerto Rico), Anselmo López, Antonio Martínez Castillo, Víctor Brizuela, Germán Fleitas y Oswaldo Lares (Venezuela), así como los cubanos Adolfo Alfonso, Jesús Orta Ruiz, Justo Vega y Ramón Veloz.[11]

El paso de los meses acrecentó el apoyo de Casa de las Américas a la causa chilena. Al cumplirse el primer año del golpe, la institución convocó al concierto Nuestra América recita y canta a Chile, que reunió a los argentinos César Isella, el conjunto Los trovadores y al poeta Armando Tejada Gómez (ganador ese año del Premio Casa de las Américas), y a los cubanos Roberto Fernández Retamar, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Sara González, Carlos Puebla junto a sus tradicionales y los grupos Moncada y Manguaré.[12]

El boletín Música se sumó a la conmemoración de todas las fuerzas progresistas del mundo con la página editorial de su número 48: “Un canto que se hace cada vez más fuerte” (S/A 1974b, 4-5). Con ese mismo propósito, la revista Casa entregó al público el número 86 (septiembre-noviembre, 1974), aunque ya antes había dedicado a Chile el número 83 (marzo-abril, 1974).

Ante la realidad del exilio, Casa se convirtió en el espacio que resguardó obras y documentos de artistas e intelectuales chilenos, quienes los enviaban a La Habana a modo de testimonio y salvaguarda ante la incertidumbre de la vida propia. Desde la música, quizás uno de los expedientes más emotivos que se conservan da cuenta de un envío de Raquel Pavez, quien hizo llegar a la Casa la papelería de su hermano, el cantor y folclorista Héctor Pavez (1932-1975). Junto a la documentación se conserva una nota de presentación que reza: “Materiales bajo la custodia de la Casa hasta que Chile sea libre. Recibido de la compañera Raquel Pavez, hermana del fallecido compositor Héctor Pavez”. Aquí quedaron, en letra manuscrita, sus Cuecas de la resistencia, la nota homenaje a propósito de su muerte por los trabajadores del hospital Foch, textos, notas de prensa y varias obras de sus compañeros de canto.

De esa red solidaria que se tejió a raíz del golpe con el fin de preservar la vida de los artistas chilenos y de su tránsito por el incierto país del exilio, hablan muchas de las misivas guardadas en las carpetas personales. Las del maestro Fernando García informan a sus amigos de Casa sobre el accionar propio y del estrecho vínculo con colegas latinoamericanos y compatriotas:

Aquí me tienes en Lima, felizmente ahora con mi familia, transformado en asilado político gracias a los fascistas de mi país. Hemos tenido suerte, pues estamos vivos; no como otros, como Víctor Jara y tantos y tantos compañeros asesinados o que están presos y sometidos a toda suerte de torturas. Pero ya volveremos y los responsables de lo que está pasando en Chile pagarán todas sus fechorías. Alcancé a estar circulando después del golpe algo más de un mes, después me ordenaron asilarme en la embajada de Honduras y a la pasada por allá en avión, los amigos peruanos, entre ellos Celso Garrido, me bajaron en Lima y aquí estoy trabajando en el Instituto nacional de cultura. Mi compañera, Hilda Riveros, también fue contratada por dicho instituto para que forme un ballet moderno.[13]

La familia García-Riveros permaneció en Cuba desde 1979 por espacio de una década. Ambos artistas desarrollaron una intensa labor. Fernando se desempeñó como asesor musical del Ballet Nacional de Cuba y del Gran Teatro de La Habana en una época altamente creativa. Hilda integró el elenco del Ballet Nacional de Cuba, donde desplegó un valioso trabajo como creadora, intérprete y pedagoga. Ambos contribuyeron a divulgar el arte latinoamericano de vanguardia situada y compromiso político.[14] Su creación como compositor durante este período se conserva, junto a obras anteriores, en el fondo de partituras y en el archivo sonoro.

Figura 2.1 / Partitura Nace la aurora, Fernando García. Texto e indicaciones gráficas. Archivo Dirección de Música Casa de las Américas.

Figura 2.2 / Partitura Nace la aurora, Fernando García. Primera página. Archivo Dirección de Música Casa de las Américas.

Sergio Ortega es otra de las figuras entrañables en la historia de la Casa. Su amistad se remonta a 1966, cuando participó en el Primer Concurso de Composición, en el que obtuvo mención. Desde entonces, sus obras llegaron sistemáticamente al archivo de la Casa (Ferrando 2003). Anteriores al exilio, se conservan copias facsimilares de Primeras noticias de mi muerte, para tenor y 7 cuerdas; Sonata para contrabajo y piano (de la vida de cuartel); Quinteto para flauta grave y cuatro cuerdas; Responso por el guerrillero muerto, para voz femenina y percusión; y La fragua, cantos para chilenos (crónicas populares), para solistas, coro, recitante, orquesta de cámara e instrumentos folclóricos. Sobre esta última, en carta enviada a Mariano Rodríguez, entonces subdirector de la Casa de las Américas, Sergio especifica que se trata de la “partitura provisoria de La fragua, en espera de mandarte en una semana más, la definitiva y los materiales de orquesta, sacados y ordenados por partes. Va, eso sí, un texto definitivo que será incluido en la próxima partitura que recibirás”.

Figura 3 / Carta manuscrita de Sergio Ortega a Mariano Rodríguez con envío de La fragua. 4 de julio de 1972. Archivo Dirección de Música Casa de las Américas.

Ya en el exilio, en estrecho vínculo con Argeliers León, director de Música, fue invitado a participar en las acciones de la primera edición del Premio de Musicología Casa de las Américas 1979. En ese momento trajo consigo el cuaderno de partituras Venceremos, editado en 1975 por VEB Lied der Zeit, Musikverlag, Berlín y las copias facsimilares de Un roi sans soleil, para soprano ligera, soprano lírica, mezzosoprano, tenor, barítono, bajo y grupo de cámara y L'aniversaire de l'Infante, Cantate écrite a partir d' Oscar Wilde. En su carpeta personal se conserva el documento autógrafo que registra sus datos biográficos, desempeño profesional y catálogo de obras.

Una misma carpeta reúne los documentos de Ángel e Isabel Parra, y es muy elocuente la larga amistad que comparten con la Casa desde su primer viaje en 1967 para el Encuentro de la Canción Protesta. Pero también se guardan con cuidado las cartas que anuncian el retorno de las arpilleras de Violeta a Casa. En aquella oportunidad las acompañó en su viaje a Cuba Régine Mellac,[15] a quien Isabel, en carta del 27 de enero de 1976, presenta del siguiente modo:

Hemos pensado viajar con una compañera de la cual ustedes tienen referencia. Se trata de Régine Mellac. Ha escrito el único libro en Francia sobre canción revolucionaria Canto libre de América Latina. Es francesa y su nacionalidad nos facilitará enormemente la salida de las tapicerías, pensando en posibles problemas que pueden presentarse en Aduanas, ya que queremos nosotros personalmente llevarlas. De más está decir que es una persona absolutamente confiable. La conozco hace casi dos años, y nos ha ayudado muchísimo en este mundo hostil y conflictivo en cuanto a la realización de nuestro trabajo.

De ese modo, invitados por la institución, llegaron a finales de marzo de 1976 Ángel e Isabel Parra, Patricio Castillo y el flautista mexicano Arturo C. Izquierdo, junto a Régine Mellac. El 1 de abril fue inaugurada en la Galería Latinoamericana la exposición Violeta regresa a Casa, integrada por las arpilleras bordadas de la folclorista chilena. Por decisión de sus hijos, las obras rescatadas del fascismo quedaron bajo custodia de la Casa hasta que fuera posible el regreso a su tierra. La presencia de los artistas chilenos incluyó encuentros de solidaridad en diversos espacios de la capital y el concierto titulado De Chile, realizado en el teatro Amadeo Roldán. En la carta antes citada, se expresa el interés de Ángel Parra de trabajar con Leo Brouwer en la recuperación de Pisagua, obra que fue interpretada en la primera parte de este concierto por el grupo Moncada, junto a “canciones compuestas con posterioridad al golpe”.

 

 

Figura 4.1 / Programa del concierto De Chile, con Isabel y Ángel Parra. 3 y 4 de abril de 1976. Archivo Dirección de Música Casa de las América.

Figuras 4.2, 4.3, 4.4 / Recortes de prensa, marzo-abril 1976. Archivo Dirección de Música Casa de las América.

El empeño de conservación documental de la Casa de las Américas permite, desde sus fondos de Música, reconstruir dos acciones producidas por la institución en el año 1975 como parte de la Jornada de Solidaridad con la Lucha Antifascista del Pueblo Chileno, que muestran de manera explícita la postura ética de la institución en aquellos momentos.

La primera de ellas fue el concierto homenaje Canto a Chile, que tuvo lugar en el teatro Amadeo Roldán en la noche del día 10 de septiembre.[16] Un proyecto que, por su envergadura, tomó tiempo de preparación y coordinación para conmemorar tan señalada fecha, y que muestra el fuerte compromiso de los compositores cubanos con la realidad latinoamericana y la política cultural desarrollada por Cuba en ese momento. En aquella oportunidad, tres generaciones de compositores tomaron como propósito este aniversario para estrenar obras especialmente realizadas para el concierto. En las notas al programa, la Casa hacía explícito el sentido de esta convocatoria:

Hace dos años, la voz del presidente Allende en una última alocución a su pueblo, y la de Víctor Jara, que también dejaba su voz en su pueblo, quedaron desde entonces, en canción hecha arma por los pueblos de nuestra América.

Aquel canto, otros muchos cantos, se han unido vibrantes a los gritos de lucha de nuestros pueblos: crecía en esta América su canto fusil.

Y la voz del pueblo se hizo arma, la guitarra se hizo arma, el tambor recordó cómo él también había peleado en esta América, y la quena, las maracas, el charango, el tres: y con ellos volvieron a cantarse las luchas heroicas de nuestros pueblos.

Aquellas voces inapagables siguen sonando en este cantar latinoamericano, para que nuestros hombres vivan sus vidas en nuestras voces, donde por siempre estará la del héroe.

Al pueblo chileno, a los que han caído luchando por la libertad de la patria, a la figura perenne de su presidente Salvador Allende, la Casa de las Américas ofrece hoy el canto de homenaje que un grupo de compositores e intérpretes cubanos, con certidumbre en la futura victoria del hermano pueblo chileno, dejan en las obras que brindamos en este nuestro Canto a Chile.

A pesar de la motivación que unificó el programa presentado, del uso de formatos de cámara con voz, así como de la recurrencia de textos y autores literarios de la América Latina, la curaduría de las obras mostró el amplio abanico estilístico y técnico presente en las búsquedas creativas de los compositores convocados.

 

Figura 5 / Programa del concierto Canto a Chile. 10 de septiembre 1975. Archivo Dirección de Música Casa de las América.

En la primera parte del concierto primó la selección de textos de Neruda y fragmentos de discursos que sintetizaban el sentir de ambos pueblos. Incluyó las obras Homenaje a Salvador Allende, para barítono, recitante y piano; de Héctor Angulo, con textos de Canto general y Coral de Año Nuevo para la patria en tinieblas de Pablo Neruda y Que despierte el leñador, de Calixto Álvarez, para recitante-cantor, dos flautas, guitarra y dos percusionistas, sobre el poema homónimo de Neruda. Completaron esta sección inicial El compañero presidente, para barítono, recitante, tres flautas, oboe, clarinete, fagot, trompeta, trompa, trombón, piano y percusión, de Roberto Valera, con textos del poema “Última hora, Chile” de Richard Medina (Chile) y fragmentos de discursos de Salvador Allende y Fidel Castro; y Otros días vendrán. Homenaje a Chile a la muerte de Salvador Allende, para soprano, recitante, flauta, clarinete, trompa, piano y percusión, de Harold Gramatges, sobre fragmentos de La arena traicionada, Canto general y dos sonetos de Neruda.

El espectro sonoro se amplió en la selección que ocupó la segunda parte, donde la creación mixta hizo crecer la propuesta sonora inicial con Yantra IV: también Chile tiene su apocalipsis, para flauta solista y banda magnetofónica –que reprodujo fragmentos del mensaje radial del presidente Allende a su pueblo desde la Moneda aquel 11 de septiembre de 1973–, de Sergio Fernández Barroso. Completaron la curaduría de obras las piezas Una guitarra amor, que tu corazón en el mío renacerá cantando, para soprano, coro, trompeta, trompa, trombón, organeta y cuatro percusionistas, de Argeliers León, sobre el poema “Chile”, de Francisco Garzón Céspedes (Cuba); Esa sangre en las calles de Santiago, para soprano, flauta, oboe, clarinete bajo, trompeta, trompa, trombón y vibráfono, de Danilo Avilés sobre textos de Félix Pita Rodríguez (Cuba); y Chile vencerá, para cantor, recitante, coro, flautas, oboe, clarinete, clarinete bajo, fagot, trombón, organeta, dos violines, violoncello y dos percusionistas, de Juan Blanco. Esta última obra –que cerró la selección de la noche– toma como base literaria los poemas “La primavera muerta en el tejado”, de Patricio Manns y Patricio Castillo (Chile), “Chile en tres movimientos”, de Max Figueroa (Chile) y “Chile, las tristes bestias”, de Pedro Jorge Vera (Ecuador).

Destaca de este concierto la nómina de intérpretes jóvenes, bajo la dirección de los también bisoños Digna Guerra, al frente de los grupos vocales y Gonzalo Romeu en la dirección instrumental y general de la presentación. En palabras de Leonardo Acosta: “[...] lo fundamental de este concierto homenaje a Chile es su valor demostrativo de las posibilidades que se abren ante la música cubana, que son tanto mayores y más variadas cuanto más unánime es la voluntad de compositores e intérpretes de dar a su trabajo un sentido definido, un objetivo común, un contenido revolucionario y humano” (Acosta 1975, 27).

El concierto fue antesala de otra acción promovida por la Casa: el lanzamiento del disco de larga duración Compañero presidente, que constituye registro fehaciente del impacto del golpe de Estado en la producción musical latinoamericana. El fonograma, producido con la colaboración del Comité Chileno de Solidaridad con la Resistencia Antifascista, compila la obra de cantautores latinoamericanos dedicada a Salvador Allende, y fue presentado el día 11 de septiembre, en conmemoración al segundo aniversario de su partida física (S/A 1975a, 150 y 1975b, 31).

Las notas que acompañan la producción dan cuenta del sentido de la compilación:

“¡Todo al fuego, hasta el arte, para alimentar la hoguera!”, reclamó Martí. Estas canciones, venidas de muchos países de nuestra América, se arrojan al fuego para que siga creciendo la solidaridad mundial con la gran causa del pueblo chileno, simbolizado en la magnífica figura del presidente Salvador Allende, cuya muerte en combate, el 11 de septiembre de 1973, sería calificada por el compañero Fidel como “el más alto ejemplo de heroísmo que se pueda ofrecer”. Son canciones nacidas del corazón, no para cantar el dolor pequeño de un hombre o de una mujer solitarios, sino el dolor multitudinario de un continente que siente en pleno pecho las heridas que padecen las mujeres y los hombres de Chile. Y por encima del dolor, ellas expresan además la seguridad en el triunfo: la voz de Allende regresará, en otras voces, a orientar a los trabajadores de su patria; las manos de Víctor Jara volverán, en otras manos, a hacer sonar su guitarra popular; el pueblo chileno aplastará al fascismo, y los obreros y campesinos construirán un Chile nuevo, con fábricas y granjas y escuelas y amores. Convencidos de este hecho, a dos años de la caída en combate del presidente Allende, como homenaje a él y a su pueblo combatiente, la Casa de las Américas, con la colaboración del Comité Chileno de Solidaridad con la Resistencia Antifascista, ofrece estas canciones que se arrojan al fuego, en esta hora de los hornos, proclamando con certidumbre, con música y con rabia: ¡hasta la victoria siempre, compañero Presidente! (Casa de las Américas, La Habana, Cuba, 1975).

Diez canciones recogen el decir de voces insignes de la cancionística del continente. Desde Chile se cuenta la representación mayor, con tres canciones a modo de testimonio, todas creadas desde el exilio: “Chile herido”, de Jorge Coulón y Luis Advis, interpretada por el conjunto Inti-Illimani; “Canción a Salvador Allende”, de Ángel Parra y “Compañero presidente”, de Eduardo Carrasco, con la interpretación del grupo Quilapayún. La presencia del Cono Sur se completa con las canciones “Por todo Chile”, del uruguayo Daniel Viglietti y “Che Salvador”, de los argentinos César Isella y Eduardo Mazo, interpretada esta vez por Isella. Centroamérica se hizo presente en las voces de la venezolana Soledad Bravo, que entona “A Salvador Allende en su combate por la vida”, de la autoría de Pablo Milanés; el también venezolano Alí Primera con su “Canción para los valientes”, y el mexicano Oscar Chávez, que asume el tema “A Salvador Allende”, del que es coautor junto a Benjamín Correa. El Caribe fue representado por “Canción al presidente”, del puertorriqueño Andrés Jiménez junto al grupo Taoné y la ya clásica “Yo pisaré las calles nuevamente”, del cubano Pablo Milanés, esta vez en una interpretación junto al Grupo de Experimentación Sonora del Icaic.

En este recorrido por las voces de la nueva canción continental y ante la temática convocante, son varias las imágenes recurrentes que funcionan a modo de trazas en los textos de las canciones. El horror de lo vivido, la imposibilidad del regreso a la tierra propia tras el golpe de Estado –para los exiliados– y el dolor por las pérdidas personales y colectivas son las principales evocaciones. Así, la música retrata el momento en que “el canto se hizo silencio” y “mil manos quedaron frías”; la evocación a víctimas de la masacre –como Víctor Jara o Pablo Neruda–, y la forma en que la sangre derramada “alimenta el fuego y hace crecer la llama” de un sueño de libertad.

Otra mirada recurrente es la remisión directa a la figura de Allende, el hombre que un buen día decidió “caminar junto a su pueblo / conocerlo y respetarlo / y representarlo entero”, y su empeño en ofrecerle “un mañana mejor” a su gente. La descripción de aquella fatídica mañana del 11 de septiembre desde las imágenes de los cantores es también un recurso de uso frecuente. Pero ante el fuerte dramatismo de los textos, se alza una imagen de esperanza inspirada en las palabras del propio Allende, quien en su discurso final desde la Moneda reafirmaba la fe en el pueblo chileno y en su destino como nación:

Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.[17]

De ahí nacen las imágenes que invitan a pisar “las calles nuevamente” y a consumar la promesa hecha al presidente de continuar su lucha y de que, por sus amplias alamedas, “volverá a marchar el Pueblo / con su grupo combatiente”.

La música por sí sola constituye un testimonio fehaciente del sentir de una generación de cantores que, desde distintos espacios, unieron sus voces para denunciar una de las mayores injusticias de la historia del continente. Y más allá del registro sonoro, el disco se erige como documento de alto valor también por su contenido gráfico, tanto en su empaque como por su información complementaria.

Figura 6 / Carátula del disco Compañero presidente. Archivo Dirección de Música Casa de las América.

Con diseño original de Umberto Peña, el fonograma de larga duración se acompaña de un librillo, de igual formato, ampliamente ilustrado con fotografías históricas del quehacer de Salvador Allende durante su gobierno. Este testimonio gráfico se complementa con una selección de pasajes de discursos y artículos del presidente. Los textos íntegros de las canciones compiladas en el disco completan la información ofrecida. De esta manera, el documento fonográfico acrecienta su valor en tanto articula el acervo documental conservado en la Casa.

Si bien en el momento de realización de este texto no fueron localizados materiales que informen sobre el proceso de producción del álbum, los rastros encontrados en el registro de cintas conservadas en el Archivo de Música sugieren que parte de las canciones fueron grabadas en Cuba –como la canción de Pablo Milanés junto al Grupo de Experimentación Sonora del Icaic–, mientras que otras cintas fueron grabadas y enviadas directamente a la Casa por parte de los compositores –como el caso de las interpretaciones de Inti-Illimani, Ángel Parra, Soledad Bravo o Quilapayún–.[18] Ello demuestra el nivel de compromiso de los creadores convocados con el momento histórico vivido.[19]

Las dos acciones desarrolladas por la Casa de las Américas en las jornadas de solidaridad con Chile son, sin lugar a dudas, una declaración de principios de la institución, que no se conformó con conmemoraciones menores, sino que emprendió producciones de gran envergadura en afán de unificar y representar, una vez más, el sentir del continente. Acciones de alto valor tanto desde la significación política para ese momento, como desde su dimensión humana.

La iniciativa de convocar a compositores cubanos para hacer obras desde las más diversas fórmulas de la creación contemporánea de la isla y, de manera simultánea, convocar a cantores populares –figuras cimeras de la canción latinoamericana– y compilar su sentir en un documento fonográfico, constituyen dos gestos contundentes generados desde una Cuba con un fuerte y controvertido movimiento intelectual en aquel momento, hecho que ratifica la naturaleza inclusiva que la institución defiende desde su fundación.

Movilizar la conciencia, la creatividad y el corazón de tan diversa muestra de artistas en la América Latina de mediados de los setenta con respecto a Chile, a dos años del golpe, prueba el interés de los compositores e intérpretes de formar parte de estas acciones, el compromiso sentido del momento histórico de la generación de creadores congregada, así como el poder de convocatoria de la Casa, ya desde ese momento. Al decir de su fundadora Haydee Santamaría, no se trata solo de hacer música comprometida, sino de comprometerse con ella, y cantarles a los pueblos que sienten ese compromiso como propio. De ello, ambos documentos son testimonios indiscutibles de alto valor para el reencuentro con la memoria musical del continente y la reconstrucción de sus trazas históricas.

Bibliografía

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Mellac, Régine. 1978. Chants libres de l'Amérique latine. La rose qui pleure. París: Ed. Terres de feu.

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Fonogramas

LD Violeta Parra. 1971. Colección Música de esta América, sello Casa.

LD Compañero presidente. 1975. Colección Música de esta América, sello Casa.

LD Habla y canta Víctor Jara. 1978. Colección Nuestros países, sello Casa.

CD Compañero presidente. 2009. Colección Música de esta América, sello Casa.

Del registro de cintas. Serie Fonogramas. Casa de las Américas

CM 231/99. Compañero presidente (I. Illimani y Soledad Bravo). Copia del disco.

CM 291/00. Registro sonoro de la obra La primavera muerta en el tejado.

CM 352/00. Recital de Inti-Illimani. 28 de marzo de 1972.

CM 455/00. Oscar Chávez (México), Salvador Allende. Matriz usada en el disco de Allende.

CM 658/00 y CM 659. Registro del concierto de Isabel Parra y Sergio Vitier. 20 de octubre de 1971.

CM 660/00. Concierto conjunto Quilapayún. 1971.

CM 663/00, CM 666/00, CM 667/00 y CM 758/00: registros de la participación de Víctor Jara en el Encuentro de Música Latinoamericana, Casa de las Américas, septiembre 1972.

CM 678/00, CM 679/00 y CM 680/00. Concierto Nuestra América recita y canta a Chile, 2 de octubre, 1974.

CM 702/00. Ángel Parra (Chile). Matriz usada en el disco de Allende.

CM 706/00. Concierto De aquí y de allá, realizado por Isabel Parra, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y el Grupo de Experimentación Sonora del Icaic, realizado en la Casa de las Américas, 15 de octubre de 1971.

CM 718/00. Compañero presidente (Ángel Parra y Pablo Milanés). Copia del disco.

CM 725/00. Quilapayún (cont.). Grabación usada en disco Salvador Allende.

CM 730/00, CM 738/00 y CM 758/00. Concierto El canto libre de Víctor Jara. 4 de marzo 1972.

Documentos

Carta de Fernando García con fecha 17 de marzo de 1974 dirigida a Pedro Simón, quien se desempeñaba como especialista de la Dirección de Música. Expediente Fernando García. Fondo documental Dirección de Música. Casa de las Américas.

Carta de Isabel Parra con fecha del 27 de enero de 1976 dirigida a la Dirección de Música.

Expediente Héctor Pavez. Fondo documental Dirección de Música. Casa de las Américas.

Expediente Ángel e Isabel Parra. Fondo documental Dirección de Música. Casa de las Américas.

Carta de la Dirección de Música de la Casa de las Américas a Sergio Ortega solicitando texto para libro homenaje a Víctor Jara con fecha del 28 de enero de 1976. Expediente Sergio Ortega. Fondo documental Dirección de Música. Casa de las Américas.

Carta manuscrita de Sergio Ortega a Mariano Rodríguez con envío de La fragua. Expediente Sergio Ortega. Fondo documental Dirección de Música. Casa de las Américas.

Declaración de los participantes en el encuentro, 6 de julio de 1974. Expediente del evento Un cantar del pueblo latinoamericano.

Expediente personal de Víctor Jara. Fondo documental Dirección de Música. Casa de las Américas.

Programa de mano del concierto Conjunto Folclórico de la Universidad del Norte de Chile, bajo la dirección de Jorge Vallejos Bernal, 14 de marzo de 1972. Fondo documental Dirección de Música. Casa de las Américas.

Programa de mano del concierto De aquí y de allá, realizado por Isabel Parra, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y el Grupo de Experimentación Sonora del Icaic, realizado en la Casa de las Américas, 15 de octubre de 1971. Fondo documental Dirección de Música. Casa de las Américas.

Programa del concierto Canto a Chile, 10 de septiembre de 1975. Fondo documental Dirección de Música. Casa de las Américas.


[1] En octubre de 1971 la Casa de las Américas realizó una intensa jornada de homenaje a la artista chilena con la presencia de su hija Isabel. En la Galería Latinoamericana inauguró la exposición Violeta Parra. Canciones, artesanía, décimas y fueron presentados el LD Violeta Parra, que dio inicio a la colección discográfica Música de esta América, y la antología Décimas Violeta Parra, de la colección La Honda. Del concierto Cantar y contar, las canciones de Violeta Parra, protagonizado por Isabel Parra y Sergio Vitier, queda registro en la Serie fonogramas, cintas magnetofónicas: CM 658/00 y CM 659, 20 de octubre de 1971.

[2] El Archivo de gestión de la Dirección de Música está integrado por nueve series documentales que corresponden a: partituras, afiches de eventos, fotografías, libros del Premio de Musicología, expedientes de personalidades, expedientes de actividades, fonogramas, programas de concierto y del boletín Música. La Casa de las Américas cuenta además con otros acervos documentales, como el Archivo y los fondos de la Biblioteca, pero estos no serán referidos en el presente documento.

[3] Serie fonogramas CM 706/00: concierto De aquí y de allá, realizado por Isabel Parra, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y el Grupo de Experimentación Sonora del Icaic, realizado en la Casa de las Américas, 15 de octubre de 1971. Programa de mano diseñado por Humberto Peña.

[4] Serie l fonogramas CM 660/00: concierto conjunto Quilapayún, 1971.

[5] Serie fonogramas CM 352/00: recital de Inti-Illimani, 28 de marzo de 1972.

[6] Programa de mano del concierto Conjunto Folclórico de la Universidad del Norte de Chile, bajo la dirección de Jorge Vallejos Bernal, 14 de marzo de 1972.

[7] Serie fonogramas CM 730/00, CM 738/00, 758/00: concierto El canto libre de Víctor Jara, 4 de marzo 1972.

[8] Serie fonogramas CM 663/00, CM 666/00, CM 667/00, CM 758/00: registros de la participación de Víctor Jara en el Encuentro de Música Latinoamericana, Casa de las Américas, septiembre 1972.

[9] El expediente personal de Víctor Jara contiene un total de 117 documentos, entre ellos 9 cartas, 1 convocatoria, 2 folletos, 3 documentos personales, 36 fotos, 11 documentos de gestión y de eventos, 57 textos y 1 compendio documental que incluye, entre otros, los testimonios de Fernando Alegría, Mario Benedetti, Juan Gelman, Gladys Marín, Isabel y Ángel Parra, Jesús Orta Ruiz, El indio Naborí, José Piero, Carlos Puebla y Daniel Viglietti.

[10] El registro sonoro de la obra La primavera muerta en el tejado se conserva en la Serie fonogramas, CM 291/00.

[11] Declaración de los participantes en el encuentro, 6 de julio de 1974, en el expediente del evento Un cantar del pueblo latinoamericano.

[12] Serie fonogramas CM 678/00, CM 679/00, CM 680/00: concierto Nuestra América recita y canta a Chile, 2 de octubre, 1974.

[13] Carta con fecha 17 de marzo de 1974 dirigida a Pedro Simón, quien se desempeñaba como especialista de la Dirección de Música.

[14] La relación de Fernando García con la Casa fue entonces mucho más íntima. Participó como jurado en la primera y segunda edición del Premio de Musicología y regresó luego a la de 1999. Colaboró asiduamente con la revista: “Algunas ideas para la caracterización de una escuela de música para Latinoamérica” (1980); “A propósito de algunos pregones limeños” (1982); “Para unirnos a la denuncia” (1983), publicado en el número especial “Música e información”, que incluye textos también de Argeliers León (Cuba), Chalena Vázquez (Perú), Roberto Todd (Venezuela); y “Premios de musicología 1986” (1987).

[15] En la edición de 1978, el libro Chants libres de l'Amérique latine. La rose qui pleure de Régine Mellac toma la rosa sangrante de Alfredo Rosgart como ilustración de portada. Esa imagen corresponde al histórico cartel del Encuentro de la Canción Protesta promovido por la Casa de las Américas en 1967.

[16] El evento fue referido por la revista Casa de las Américas (S/A 1975a, 150). Para una reseña crítica del concierto véase Acosta (1975). El programa del concierto se conserva en los fondos documentales de la Dirección de Música de la Casa de las Américas.

[17] Texto del discurso tomado del librillo interior que acompaña el disco de larga duración.

[18] En el registro de cintas mencionado queda constancia de las siguientes grabaciones: CM 455/00 – Oscar Chávez (México), Salvador Allende; CM 702/00 – Ángel Parra (Chile) –ambas marcadas como matrices usadas en el disco de Allende–; y CM 725/00 – Quilapayún (cont.) –marcada como grabación usada en disco Salvador Allende. Se cuenta también con las cintas CM 231/99 – Compañero presidente (I. Illimani y Soledad Bravo) y CM 718/00 – Compañero presidente (Ángel Parra y P. Milanés) –ambas marcadas como copias del disco–.

[19] El disco Compañero presidente fue reeditado en formato CD por el sello discográfico Casa de las Américas en su colección Música de esta América, con motivo del aniversario número cincuenta de la institución. Por su valor documental, en esta nueva edición fueron respetados el diseño original de Peña y el contenido textual y gráfico del librillo.


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Vinueza, María Elena, Layda Ferrando y Carmen Souto Anido. 2023. "Por un Chile liberado, en la memoria documental de la Casa de las Américas". Resonancias 27 (53): 193-212.

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