Baker, Geoffrey. 2021. Replanteando la acción social por la música: la búsqueda de la convivencia y de la ciudadanía en la Red de Escuelas de Música de Medellín. Open Book Publishers. Traducción por Claudia García (lvii + 513 páginas).

Resonancias vol. 27, n° 52, enero-junio 2023, pp. 277-282.

DOI: https://doi.org/10.7764/res.2023.52.14

PDF

Conocido por sus estudios sobre música latinoamericana, y más recientemente por su profunda y crítica investigación del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela (referido como El Sistema), el etnomusicólogo británico Geoffrey Baker entrega en su último libro una nueva mirada comprensiva, afilada y propositiva sobre la actualidad y los alcances del concepto de Acción Social Por la Música (ASPM).  Este define una serie de proyectos distribuidos a través del globo donde la fundación y desarrollo de orquestas destinadas a integrar a sectores juveniles marginados de la sociedad se plantean como vías de intervención con un discurso “social”. ¿Qué significado tiene, en dichos contextos, la idea de lo social? Es precisamente una de las preguntas centrales que Baker aborda en este libro, en el que se introducen y recorren las experiencias de La Red, el más emblemático proyecto ASPM en Colombia, situado en la ciudad de Medellín.

Como explica Baker, La Red se inició siguiendo el ejemplo de El Sistema en el año 1995, se oficializó con la firma de acuerdos municipales en 1996, creó las seis primeras escuelas en 1997, al año siguiente se expandió con la creación de coros y orquestas, y realizó su primera gira internacional en 2000. Su historia de varias décadas, que comprende la sucesión de cinco directores y la intervención de instituciones educativas y gubernamentales, ha resultado en que La Red construya su propia versión de la ASPM. Valiéndose de un método etnográfico que le permite adentrarse y luego ir mostrando caleidoscópicamente las posiciones y tensiones entre las diferentes actorías que participan de La Red, este estudio profundiza en una perspectiva crítica y, sobre todo, autocrítica del proyecto. “Estos debates nos permiten entender –dice Baker– La Red como algo fragmentado más que unificado, impugnado más que consensuado y, por tanto, la ASPM como un complejo conjunto de opciones y retos en lugar de una receta singular y garantizada para el éxito” (70).

Aun cuando las fuentes orales y documentales (obtenidas del archivo institucional) que nutren esta investigación provienen de La Red, el autor decide establecer una narrativa comparativa, en la que coteja sus nuevos hallazgos con el conocimiento ya desarrollado en torno a El Sistema venezolano. Esta decisión se justifica tanto por el rol fundacional de El Sistema para las etapas embrionarias de La Red, como por la visibilización de una preocupación consistente en la obra del autor, centrada en la realidad de proyectos de ASPM en América del Sur. De este modo, Baker consigue robustecer las observaciones realizadas a partir de un estudio de caso para presentar una lectura más acabada y de mayor alcance, ofreciendo pistas para reubicar estos proyectos abocados a la masificación de orquestas sinfónicas en el contexto más amplio de la educación musical y de la acción social.

El libro se organiza en dos partes, la primera dedicada a exponer de manera separada la visión de sus directores (como una historia del liderazgo) y la de músicos, integrantes del equipo social y otros agentes de La Red en la ciudad de Medellín. Esta estrategia le permite presentar un argumento espiralado, según el cual se vuelve cada vez sobre interrogantes similares, pero complejizando las respuestas con la irrupción progresiva de más y más voces. La segunda parte del libro se enfoca en explorar alternativas para la ASPM, dialogando con el campo de las investigaciones contemporáneas en educación musical y otros como los estudios decoloniales.

Son cinco los ámbitos en que se ofrecen las aportaciones más relevantes:

El mito del beneficio de la música

Si bien no constituye una novedad declarar la polisemia del término “social”, el caso de La Red sirve de manera ejemplar para observar las tensiones entre nociones no solamente diferentes, sino que a menudo discrepantes acerca de dónde reside lo social de la música. Más que un problema teórico, Baker muestra las problemáticas políticas, financieras y artísticas que atraviesan la concurrencia de sentidos disímiles.

Asumiendo que la ASPM plantea un propósito social, se denuncia la profunda distancia que existe entre discurso y práctica, entre un supuesto objetivo social y su verdadero y acotado impacto. El eslogan que pretende reemplazar “un arma por un instrumento” en manos de la juventud marginal es develado como un artificio. La retórica que sustenta este dicho, como plantea el autor, se construye sobre el mito de los efectos eminentemente benéficos de la música (y del arte) sobre el individuo y la sociedad. Como han demostrado numerosos estudios acerca de la violencia asociada a la música, la idea de que la música contribuye necesariamente a mejorar civilizatoriamente a las personas es refutable e insostenible. Sin embargo, tal mito sigue alimentando las fundamentaciones de la educación musical en numerosas instituciones y, particularmente, es funcional a la proliferación de orquestas sinfónicas para jóvenes empobrecidos. El principio que funda el carácter social de El Sistema, comenta Baker, implicaba que las poblaciones en situaciones de precariedad podían y debían ser “rescatadas” a través de la música (clásica). Es precisamente esta posición paternalista una de las primeras en ser cuestionadas por el autor, ya que rechaza la moral salvacionista que supone que los pobres deben ser corregidos y rectificados para enmendar sus vidas a través de la alta cultura. Esta moral conservadora estaría implícita tanto en los discursos de El Sistema, como en el de sus réplicas internacionales, incluyendo La Red en sus orígenes. Dicha posición, encima, suele presentarse tras discursos pretendidamente “apolíticos”, esquivando sus implicancias en el desarrollo cultural y, eventualmente, la emancipación social.

Más allá de la crítica ideológica, Baker nota numerosos problemas asociados a tal premisa. Por una parte, su estudio muestra que, aunque el discurso promocional de la ASPM refiera a sectores de la población en riesgo, en la práctica tienden a ser las familias con mayor interés por la educación las que acompañan y envían a sus hijas e hijos como estudiantes de La Red, generando un impacto individual y diferenciador, en vez de una mejoría en la calidad de vida de la comunidad completa. Ya que quienes se benefician de La Red no pertenecen al segmento más desfavorecido, sino a un sector aspiracional y con mayor capital cultural dentro de los barrios pobres, se estaría generando un efecto paradojal, según el cual en lugar de incluirse a las personas marginadas, se reforzaría la distancia entre “buenos” y “malos”, entre pobladores culturizados y otros relegados. Es decir, este tipo de proyecto no sólo llega dificultosamente a los sectores más vulnerables, sino que aumenta la brecha entre quienes participan y quienes no.

Lo colectivo y la participación

Ahora bien, esta distinción entre un beneficio individual y uno colectivo, apunta a un segundo sentido de lo social que se relaciona precisamente con una perspectiva comunitaria enfocada en las relaciones interpersonales y, a la larga, en el impacto de estos proyectos sobre el territorio en que se desarrollan. De ahí que en el libro se expresen con gran elocuencia las disputas, no solamente simbólicas, sino de orientación estratégica, entre las actorías educativas artísticas, por un lado, y las vinculadas a la intervención social, por otro. De hecho, en los primeros capítulos se desenvuelve una fascinante transformación del concepto de lo social al interior de La Red, que se inicia con una visión ingenua basada sobre el mito de la virtud intrínseca de la música (explicado más arriba), pasando por una perspectiva que pretende generar bienestar en las y los participantes con un énfasis psicosocial, para llegar a una mirada holística de lo social animada por el objetivo de incorporar a la comunidad más amplia a los beneficios del proyecto.

En cuanto a lo social entendido como el cultivo de habilidades de relación social, asociado a la promoción de valores como la solidaridad y principios como la democracia, el autor identifica problemáticas en los comportamientos de los y las estudiantes, tendientes a producir relaciones de competencia, a actuar desde la prepotencia y el consecuente reforzamiento de diferencias entre participantes. Este es un punto crítico y enormemente potente de la investigación, ya que interpela a las lógicas exitistas que gobiernan parte importante de los espacios de la formación instrumental y la práctica orquestal, observando nocivas jerarquías entre tipos de instrumentos y la proyección de sus estatus diferenciados sobre las personas que los ejecutan. El libro incluye testimonios que dan cuenta de experiencias contraproducentes con el objetivo de la inclusión y la cohesión social, donde ciertos participantes se sienten aminorados por no calzar con el perfil de instrumentistas más destacados o por tocar instrumentos menos prestigiosos.

La premisa de que una clave para la articulación de lo social se encuentra en la promoción de una mayor participación revela un fenómeno fascinante. Como relata el libro, los sucesivos procesos de autoevaluación que efectuó la administración de La Red fueron reforzando la convicción de que era necesario avanzar hacia la participación más sustantiva de las y los estudiantes y de sus familias; entendiendo que no es suficiente con integrar orquestas para producir un impacto social. Así, el equipo social de La Red, junto a uno de los más recientes equipos directivos, buscaron nuevas estrategias para diversificar las actividades realizadas por estudiantes de La Red, incluyendo acciones didácticas, intervenciones territoriales y talleres con contenido de formación ciudadana, entre otros. Bajo el convencimiento de que un proyecto “social” requiere una conexión profunda con el barrio y con sus problemáticas, La Red buscó redistribuir la destinación de recursos, financieros y de tiempo, a actividades distintas a las tradicionales (ensayos y presentaciones de las orquestas). De esta manera, se esperaba dar cabida a propuestas novedosas que ayudaran a actualizar el sentido de lo social. Sin embargo, y he aquí la paradoja, las y los estudiantes más avanzados de La Red, tendieron a manifestar su desinterés por este giro, planteando en cambio la expectativa de continuar o volver al modelo convencional, centrado en la persecución de una excelencia en la ejecución instrumental y la interpretación de repertorios espectaculares por parte de la gran orquesta.

Las voces de personas egresadas y participantes actuales de las escuelas y elencos de La Red, muestran entonces una mirada muchas veces más complaciente con el formato primario de la ASPM, debido a que este les ha servido como plataforma para su formación profesional en la música. En ese sentido, el objetivo social colisiona con los objetivos de desarrollo artístico encarnados por quienes, al parecer, mayor beneficio han percibido de La Red.

Crítica al autoritarismo

¿Es el formato de orquesta sinfónica el más deseable para la acción social? Es una de las preguntas recurrentes del libro, que se va contestando cambiando el ángulo y los criterios en juego. Una de las tentativas más elocuentes aborda el problema del ethos autoritario que se asocia a la práctica disciplinaria de la orquesta clásica, dirigida por líderes de poder incontestable, según una interacción entre músicas y músicos que privilegia la desaparición de lo individual para favorecer lo grupal. ¿No sería acaso este contexto uno propicio para fortalecer a la comunidad? Difícilmente, responde Baker, ya que convencionalmente el espacio de la gran orquesta obstruye la participación, la deliberación democrática y la expresión de las diferencias. Luego de uno de los procesos sistemáticos de autoevaluación, una directora con perspectiva psicosocial planteó los términos contradictorios de la cultura interna de La Red, encontrando que el potencial de desarrollo personal asociado a la música contrastaba con la adopción de una disciplina feroz, que se identificó con antivalores como el egoísmo, el acoso y la rivalidad. Se buscó entonces establecer un manual de convivencia y se implementaron iniciativas para empoderar a los y las estudiantes y así alejarles de dinámicas autocráticas.

No se trata, sin embargo, de un problema de género musical, como señala el autor. No basta con reemplazar la música clásica por la música popular, buscar programaciones más inclusivas, con representación de músicas nacionales y locales, si no se cuestiona la dinámica y los principios de la interacción entre las personas. En ese sentido, se trata más del cómo que del qué, dice Baker.

La historia de La Red muestra que –gracias a múltiples experiencias de autoevaluación– sus directivos y los profesionales a cargo han ido explorando estrategias para relativizar el estatuto dominante del modelo autoritario de la práctica orquestal. Entre ellas, destaca la incorporación del Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) como método pedagógico que incentiva también el contacto con la comunidad y la creación de un sentido social. También se mencionan numerosas experiencias colaborativas en algunas de las escuelas, como coordinaciones con instancias municipales, entre otras. No obstante, la superación del viejo paradigma presenta también el desafío de no dejar atrás a las y los profesionales de la música –dedicados a la formación instrumental en las escuelas de La Red– quienes perciben una carencia propia en cuanto a su falta de formación en problemáticas sociales. ¿Cómo avanzar en la reconexión de La Red con sus declarados objetivos sociales sin replicar un tira y afloja respecto a los objetivos artísticos? Esta es, probablemente, la interrogante más desgarradora del libro, puesto que no puede sino conducir a la necesidad de replantear rotundamente la posibilidad de que ambos objetivos converjan.

Crítica a la recolonización

La otra cara del salvacionismo, donde los jóvenes presentarían un déficit que debe ser solucionado, vincula a la ASPM con la vigente problemática de la recolonización, puesto que la implementación de proyectos culturales civilizatorios, concentrados en la promoción de la alta cultura occidental, contribuye, si no a reafirmar ideas blancas supremacistas, al menos a esquivar sus conflictos.

Baker se atreve a sostener, dialogando con otros estudios acerca de la ASPM, que el verdadero objetivo de muchos de estos proyectos es revitalizar el mercado de la música clásica. Ahora bien, al mismo tiempo que se amplían las audiencias para estas músicas, también se produce una sobrepoblación de intérpretes de orquesta, que no han sido formados con las competencias necesarias para desempeñarse en labores musicales más presentes en el contexto local, como las escenas de salsa y jazz en Medellín, por ejemplo. Asimismo, se cuestiona que, incluso como formación profesionalizante, la educación de La Red preparara a las y los estudiantes en un tipo de trabajo precariamente remunerado, pareciendo una extraña opción si el propósito del programa fuera sacar a la juventud de la pobreza.

Entre las participantes, una funcionaria municipal identificaba a La Red con una dinámica colonial, criticando la rigidez y la falta de disfrute que observa en la educación musical. Una de las soluciones que se idearon para resolver este problema afectivo fue la reconexión con la cultura local, con las necesidades del barrio. Al mismo tiempo, la última dirección estudiada (2017-2019) llevó a cabo iniciativas de improvisación, espacios experimentales creativos, intervenciones de paisaje sonoro y otras acciones innovadoras en su vinculación con organizaciones sociales: “Los directivos querían replantear La Red como parte de un ecosistema musical y cultural más amplio  en  la  ciudad,  y  cambiar  el  modelo  de  una  escuela  de  música  convencional a un centro cultural interdisciplinar de barrio” (36).

Se destaca el énfasis territorial que toma el discurso, no solamente en un sentido general por su referencia a las identidades latinoamericanas y sus particularidades políticas, sino también en uno más local, donde se valora el foco en los territorios más próximos de las escuelas de La Red. Así, la noción de territorio está encarnada por proyectos puntuales que involucran espacios, comunidades y objetivos específicos y situados, arrojando luces sobre las posibilidades de adaptación y actualización de la ASPM.

Interesa especialmente cómo Baker consigue hacer dialogar el caso de estudio con las propuestas actuales provenientes de la pedagogía crítica, específicamente con recientes intentos por argumentar la necesidad de un giro decolonial en la educación musical. Esto hace eco de discusiones sostenidas en importantes instituciones de investigación musicológica que se han expresado en números especiales de revistas, cuestionando la persistencia del canon occidental y su efecto pernicioso para el desarrollo de pedagogías socialmente conscientes en contextos como el latinoamericano.

Propuestas para una ASPM del futuro

A lo largo de este libro, se contrastan las posiciones de quienes participan de La Red y la visión sincera del autor, trayendo a la discusión múltiples voces que animan debates en los ámbitos de la pedagogía crítica. A pesar de su diversidad, existen concordancias notables que configuran las conclusiones principales del estudio: “los testimonios de todos los grupos de La Red socavaron las afirmaciones –comunes en los círculos de la ASPM–, de que la búsqueda de excelencia musical es en sí misma una forma eficaz de acción social” (58).

Los diversos sentidos de lo social, las concepciones de lo colectivo y de la participación, las críticas al autoritarismo y la recolonización, convergen en un diagnóstico que parece crucial para Baker: un desafío relevante es proponer un tipo de concepción de ciudadanía que permita, efectivamente, articular la dimensión creativa con una relación crítica con el entorno. Destaca en el relato de la etnografía, la participación en primera persona del investigador, quien fuera invitado a presentar su visión sobre la ASPM en el contexto de los procesos de autoevaluación de La Red. En dicha instancia, Baker esbozó su modelo de ciudadanía creativa, que incluye cuatro pasos: reflexión, creación, participación y acción, y que quedó sometido a retroalimentación.

Una sección prometedora por las interrogantes que abre es aquella en la que el autor vuelve a plantear cómo pasar del diagnóstico realizado a la formulación de iniciativas políticamente más incisivas, que desplacen su atención de la salvación de los pobres a la sensibilización ética de las élites responsables por las transformaciones estructurales indispensables para que cualquier acción social tenga un resultado contundente. Así, más que enseñar a las juventudes marginales la alta cultura occidental, Baker sugiere aprender de las prácticas musicales que han resistido a la opresión por siglos para que la ASPM consiga impactar.


Citar este artículo

Ver máskeyboard_arrow_down

Jordán, Laura. 2023. [Reseña] "Baker, Geoffrey. 2021. Replanteando la acción social por la música: la búsqueda de la convivencia y de la ciudadanía en la Red de Escuelas de Música de Medellín. Open Book Publishers. Traducción por Claudia García". Resonancias 27 (52): 277-282.

Comparte nuestro contenido en: