The political context in Mexico during the visit of Víctor Jara (1971)

Resonancias vol.27, n°53, julio-diciembre 2023, pp. 213-228.

DOI: http://doi.org/10.7764/res.2023.53.11

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El 29 de agosto del 2023, después de casi cincuenta años de su brutal tortura y cruel asesinato y 43 años después de que Joan Jara (n. Turner) iniciara el juicio, se dictó sentencia para condenar a los militares que asesinaron a Víctor Jara[*].  Uno de ellos, sin embargo, decidió terminar con su vida cuando los representantes de la justicia llamaron a su puerta, lo que impidió que su condena se hiciera efectiva y le impidió al imputado cumplir con su responsabilidad moral ante los deudos de Jara y la sociedad en su conjunto. Pese al desasosiego que aún pueda causar el recuerdo de su triste suerte y la sensación de que la justicia llega tarde, las semillas que Jara sembró en vida siguen floreciendo, décadas después, en los “oídos inciertos” de quienes aún no existíamos cuando él andaba por el mundo guitarra al hombro en busca de mayor justicia social.[1]

Víctor Jara visitó México en 1971, año en que también viajó a Costa Rica, Venezuela, Colombia y Argentina.[2] Además de difundir su repertorio musical, la gira de ese año buscaba cumplir principalmente con la misión que Jara se había propuesto: difundir el proyecto revolucionario de la Unidad Popular en América Latina y el mundo, dando así un mensaje de esperanza sobre la posibilidad de acceso al socialismo por la vía democrática (Amorós 2023) y no por la vía armada por la que Cuba había optado. Víctor Jara llegó a México el 5 de noviembre y permaneció allí nueve días, realizando conciertos en la Universidad Nacional de México, en la Casa del Lago, en la peña de Los Folkloristas y en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes. Así mismo, dio entrevistas, grabó para radios y programas de televisión.

Las fotos que se ofrecen en este apartado documental son un registro visual de esa visita. Fueron tomadas por el músico y arquitecto Rubén Ortiz, fundador del grupo mexicano Los Folkloristas en 1966 y quien en gran medida gestionó la visita de Jara. La hospitalidad de Ortiz para con el chileno era una lógica consecuencia de la reciente pero sólida amistad que habían establecido unos pocos años antes, gracias a que Jara había grabado una versión de “La zamba del Che”, compuesta por el mexicano.[3] Las imágenes no solo muestran al sonriente músico tocando en el escenario; además, se registra la visita que hizo a las pirámides de Teotihuacán. De su mano están los hijos del propio Ortiz y otros niños hijos de los miembros de Los Folkloristas. Así mismo, se le ve acompañado de María Elena Torres, esposa de Ortiz y también miembro del grupo musical.

Según explica Abril Becerra (2021)

existe muy poca información respecto de la experiencia del compositor en México. Se sabe, por ejemplo, que el músico mexicano, Rubén Ortiz, fundador del grupo Los Folkloristas, fue uno de los promotores de la visita de Jara a México y que, en total, la estadía duró cerca de nueve días. No obstante, desde el Archivo Víctor Jara reconocen que no existe claridad sobre cuál es el concierto que dio vida al disco del músico en dicho país.

En efecto, las grabaciones de aquellos conciertos fueron hechas en vivo y de manera rudimentaria con grabadoras portátiles de casetes por los mismos Folkloristas. Estas fueron por muchos años las que circularon de manera informal entre el público mexicano. Posteriormente, el sello Alerce de Chile publicó el disco Víctor Jara en México en 1996 (ALCV 847). Más adelante, en 2001, la Fundación Víctor Jara publicó una edición remasterizada, cuya portada se acompañó de algunas de estas fotos. Sin embargo, en septiembre de 2023, se hizo pública la existencia de unas cintas con el concierto inédito de Víctor Jara en la Peña de Los Folkloristas (González Arenas 2023).

Cuando Jara visitó México en 1971 el país estaba sumido en un nefasto periodo político que marcó el inicio de su historia moderna. Se trataba de su propia guerra sucia, época durante la cual ocurrieron numerosas y graves violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, de estos eventos se supo muy poco no solo a nivel internacional, sino incluso dentro del mismo país, pues los medios de comunicación estaban completamente controlados por el gobierno y por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) como partido de Estado. Apenas tres años antes, en 1968, el movimiento estudiantil mexicano, había surgido como una respuesta al autoritarismo de Estado y como un reclamo por incrementar la institucionalidad democrática en el país. Sin embargo, la proximidad de los Juegos Olímpicos que ese año se celebrarían en México y el deseo del presidente Gustavo Díaz Ordaz de proyectar una imagen nacional de estabilidad política y económica, estuvieron detrás de la brutal represión conocida como la masacre de Tlatelolco. El infame episodio ocurrió el 2 de octubre en la plaza de las Tres Culturas cuando, a mitad de un mitin convocado por el Consejo Nacional de Huelga, el Ejército hizo una encerrona a los estudiantes para luego abrir fuego sobre ellos. La cifra oficial de muertos fue de alrededor de cuarenta, pero las historias orales han estimado que el número de personas asesinadas oscila entre trescientas y cuatrocientas. El evento fue tan traumático y la persecución de los líderes estudiantiles tan rotunda, que la fuerza que el movimiento había adquirido se debilitó por un par de años. De hecho, luego de salir de la cárcel, algunos de estos líderes estudiantiles se exiliaron en Chile, como fue el caso de Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, Eduardo Valle “el Búho” y Raúl Álvarez Garín.[4] En 1971 el movimiento estudiantil resurgió, pero el 10 de junio fue acallado una vez más con una nueva y sangrienta masacre conocida como la masacre de Corpus Christi, por coincidir en fecha con esa celebración religiosa.[5] También conocida como “El Halconazo” (debido al nombre del comando que ejecutó el ataque), la matanza, que ocurrió con la venia del presidente Luis Echeverría Álvarez, dejó un saldo de alrededor de 225 muertos.

La represión fue dirigida principalmente a la oposición de izquierda y, por su origen estudiantil, a las culturas de la juventud, de modo que tuvo claros efectos en la vida musical. Tres meses después del Halconazo, el 11 y 12 de septiembre de 1971, tuvo lugar el concierto masivo conocido como Festival de Avándaro, una especie de réplica mexicana del festival contracultural estadounidense celebrado en Woodstock en 1969. El desbordamiento emocional del público, el consumo de drogas y la abierta tendencia contracultural del festival, fueron respondidos por el gobierno con la prohibición de tocar música rock en vivo y de transmitirla por la radio. Igual que ocurriría después en Chile, la prohibición de estas músicas no hizo sino marcar el inicio de su etapa de existencia clandestina. En México, este tipo de espacios se denominaron los “hoyos funky” cuando se trataba de rock; mientras que, si se trataba de música folklórica, estaban las peñas que gozaron de mayor tolerancia, aunque no de mejor prestigio.

Muy a grandes rasgos, este era el contexto que reinaba en México cuando Jara visitó el país; contexto sobre el que seguramente sus colegas músicos le pusieron al tanto. Quizá por ello, Jara se empeñó tanto en enviar al público mexicano un mensaje de solidaridad y esperanza que enfatizara la vía de resistencia pacífica por sobre la vía armada.

Un año después, ya en 1972, y en la antesala del golpe, paradójicamente fue el presidente Echeverría quien recibió a Salvador Allende en la visita que el mandatario socialista hizo en junio a la Universidad de Guadalajara.[6] Para el presidente mexicano, estrechar las relaciones con Chile era un asunto de política interna mexicana, pues el proyecto revolucionario y tercermundista representado por Allende ayudaba a la imagen de Echeverría como un presidente progresista en un momento de profunda crisis de legitimidad.[7] En su discurso, Allende no se refirió al movimiento estudiantil mexicano, muy probablemente por desconocer la gravedad de tales antecedentes, tan bien ocultados por la campaña de censura del gobierno mexicano. Más bien, su discurso se centró en señalar la historia de saqueo y endeudamiento de los países latinoamericanos, así como en ratificar la revolución socialista. Fue en ese discurso en el que dijo la frase “las revoluciones no pasan por la universidad, sino por las masas” y cuando también destacó su amistad con Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara. En el contexto de la Guerra Fría interamericana, la relación con el Chile de la Unidad Popular ayudó a Luis Echeverría a complementar tanto su proyecto de reformismo interno como su discurso populista, con “una política exterior más activa, de carácter tercermundista, que promoviera la solidaridad entre los países de América Latina” (Sánchez Barría 2014, 963). Así pues, la actitud de acogida a los perseguidos políticos que ya para entonces se había establecido entre Chile y México, fue sostenida luego del golpe de Estado contra Allende con la llegada a México de cientos de exiliados de la dictadura.[8]

La noticia del asesinato de Jara que circuló por el mundo estuvo sujeta a la campaña de desinformación puesta en marcha por el régimen militar. La versión oficial de que el cantante había muerto “por acción de francotiradores que […] disparaban indiscriminadamente contra las Fuerzas Armadas, como en contra de la población civil”, fue replicada en México en una de las pocas notas periodísticas que se publicaron sobre su muerte.[9] En dicha nota, la imagen que de Jara se evoca es la de un heroico luchador social: “El folklorista y director de teatro Víctor Jara murió el pasado lunes 17, cuando hizo frente, con un grupo de resistencia, a una patrulla militar en los alrededores de Santiago”.[10] Pese a su falta de veracidad, la nota sí logra transmitir la recepción que Jara tuvo en México como figura partícipe del proyecto de unificación latinoamericana, en momentos en que los movimientos sociales marcaban la agenda de los ideales políticos y la pauta de conducta moral de todo un grupo.

A Víctor Jara lo vimos y oímos en México hace dos años. Aquí no lo conocíamos como director de teatro. Él para nosotros era una de esas voces que, como Atahualpa Yupanqui o Viglietti, hablan por Latinoamérica. Voz de sufrimiento y gallardía que se reconoce en la tragedia del subdesarrollo y anhela superiores niveles de vida para sus hermanos. Víctor Jara era humilde como artista cuando cantaba de y para los humildes. Su estatura de folklorista se advertía en la sencillez del atuendo, en el dicho popular que brotaba con sencillez de sus labios, y sobre todo en haber cantado a nuestros pueblos sin creerse encima de ellos; lejos de eso, se supo parte indisoluble del trabajo diario, de la fatiga mal pagada, de la humillación que sufren los hombres que crean la riqueza con sus manos […] Atento al quehacer cotidiano del pueblo, no dejó de percibir la importancia de lo épico. Al sacerdote guerrillero, a Camilo Torres, le canta una composición de otro gran folklorista uruguayo. Este también la canta, pero en boca de Víctor Jara la muerte del colombiano se convierte en un himno de homenaje a la liberación del Tercer Mundo. Lo que en Viglietti es sentimiento, se conserva en Jara, pero se magnifica como consciencia.[11]

Los documentos que abajo remito complementan una larga lista de esfuerzos colectivos por recordar lo que fue la vida de este compositor y director teatral y de cómo su quehacer impactó fuera de Chile. Así mismo, también buscan dar al lector una idea de cómo las ideas de la izquierda revolucionaria hicieron eco de un país a otro en América Latina y del papel de los músicos en dichas resonancias.

Además de las fotografías, ofrezco una brevísima cronología comparada con una selección de hitos que permiten al lector relacionar algunos eventos políticos y musicales de relevancia; a algunos de los cuales, tanto Víctor Jara como Rubén Ortiz respondieron. Finalmente, ofrezco la transcripción de un fragmento del programa radial que radio Universidad Nacional Autónoma de México transmitió el 11 de septiembre del 2003, en conmemoración al aniversario treinta del golpe de Estado. El programa, de una duración total de siete horas, fue conducido por el músico Joaquín Berruecos y en él participaron numerosas personalidades políticas vinculadas a Chile dando su relato de lo vivido y escuchando música de la Nueva Canción Chilena y luego del Canto Nuevo transnacional. Este fragmento contiene el relato de Rubén Ortiz sobre su amistad con Jara y su propia interpretación del contexto que reinaba en México en aquellos años.

 

Documentos

 1. Cronología comparada.

2. Fotografías

Figura 1 / Víctor Jara cantando en el foro de la Casa del Lago (UNAM). Bosque de Chapultepec.

 

Figura 2 / Víctor Jara cantando en el foro de la Casa del Lago (UNAM). Bosque de Chapultepec.

 

Figura 3 / Víctor Jara cantando en el foro de la Casa del Lago (UNAM). Bosque de Chapultepec.

 

Figura 4 / Víctor Jara cantando en el foro de la Casa del Lago (UNAM). Bosque de Chapultepec. Toma cerrada.

 

Figura 5 / Víctor Jara y María Elena Torres de Los Folkloristas.

 

Figura 6 / Víctor Jara en las pirámides de Teotihuacán, México.

 

Figura 7 / Víctor Jara en las pirámides de Teotihuacán, México.

3. Transcripción del programa Maratón por Chile, parte 4. Emitido por radio UNAM el 11 de septiembre del 2003 en conmemoración al treinta aniversario del golpe de Estado. Conduce: Joaquín Berruecos.

Presentación

Esto es a treinta años del golpe de Estado en Chile, un evento especial que ha organizado radio Universidad, para conmemorar desde México el aniversario treinta del golpe de Estado, con Joaquín Berruecos como invitado y quien funge como conductor del programa.

Parte 4

Joaquín Berruecos: Hay recuperación de la historia. Mi buen amigo Antonio Espinosa, compañero de música y de tantas épocas. Qué nos podrías decir sobre esto Antonio.

Antonio Espinoza: Bueno pues, primeramente, estoy muy contento de estar aquí entre los amigos de aquella época. Toda esta conmemoración del treinta aniversario nos está sirviendo para reencontrarnos después de tanto tiempo de no habernos visto muchos de nosotros, es otra de las aportaciones de estos treinta años. Sin embargo, yo creo que refiriéndonos a lo que significaban las grandes figuras de la música latinoamericana que llegaron a México en ese momento, pues está el nombre de Víctor Jara.

JB: Sí pues. Además, tenemos la fortuna de tener aquí, ni más ni menos, que a Rubén Ortiz, no solo fundador, co-fundador con muchos otros queridos amigos de Los Folkloristas, de este grupo que para los mexicanos representa algo muy, muy, muy importante; sino que, además, hoy que estamos recordando la figura de, entre otros tantos, de don Salvador Allende y, desde luego, de una gente muy cercana a nosotros que fue Víctor Jara. Pues qué mejor que Rubén nos cuente cuál es este nexo afortunado que tuviste con Víctor Jara. Creo que lo conociste por allá en Santiago de Chile.

Rubén Ortiz: Sí, aunque hubo contactos previos… Antes que nada, feliz de estar en este programa recordando a Allende y a todos los que participaron en aquella gesta de defender el honor de la tradición democrática chilena y que supieron ser congruentes a cómo actuaron y pensaron.

Nosotros habíamos integrado el grupo de Los Folkloristas a finales del 66, y fue bien recibido el grupo, ya empezábamos a actuar. Era un grupo, no como el actual que tiene siete elementos, sino que incluso habíamos más. Empezaban a adquirirse ciertos compromisos; fuimos a Cuba y al regreso de Cuba se redujo la membresía muy rápido. En aquellas épocas precisamente ocurre el asesinato de Ernesto Ché Guevara, al que todos dábamos seguimiento como una de las figuras relevantes de la lucha, sobre todo de la emancipación latinoamericana, ¿no?; como sabe todo el mundo estaba luchando en Bolivia. Él muere en 67.

JB: Se habla de que a él lo toman prisionero y creo que al día siguiente lo asesinan. 8 o 9 de octubre.

RO: …Sí, el hecho es que días después… Cuando yo supe esto, me impactó muchísimo y compuse una canción homenaje a él, que yo titulé “La zamba del Che” porque yo la compuse con un cuatro venezolano. […] empezaba a jugar en Mi menor, porque no tenía otro ahí, y fui escribiendo. Recordé que era argentino, por eso le llamé “La zamba del Che”. A René Villanueva, que en paz descansa, le gustó mucho la pieza, de inmediato la propusimos al grupo Los Folkloristas. Fue muy bien recibida y la estrenamos en el auditorio de medicina [de la UNAM], y [la cantamos] casi a la primera oportunidad… pues ya venía el movimiento del 68. Entonces esta canción se cantó muchísimo. Pero René me hizo una grabación en una cinta. Entonces su esposa de esa época, Rosa Bracho, bailarina, la llevó a Chile. Y ella bailaba junto con la esposa de Víctor Jara, y ella le dijo “oye traigo esta canción de un amigo mexicano”, y ya estaba el triunfo de la UP, y la lucha de Allende, y él la ve, y le gustó, y la empezó a cantar allá en Chile. Un día recibo yo el disco Pongo en tus manos abiertas, y en el año de 1970 tengo la fortuna de ir a Chile, con un grupo universitario mexicano. Precisamente aquí en radio Universidad, organizaron esa excursión con las hermanas Huerta, Andrea y Eugenia Huerta, y ahí vamos.

Fue bueno, muy emocionante, él se iba a presentar ese día en la peña de los Parra, y precisamente fuimos allá, me enseñaron. Yo canté dos canciones. Él cantó “La zamba del Che”, cosa que me emocionó muchísimo. Surgió una gran amistad. Y él me dijo “pero que no se quede así la cosa…  Voy a hacer un guisado con un chancho”, que es un puerco, “lo voy a guisar en mi casa, y voy a invitar a un grupo sensacional, que son como ustedes, son los cabros del Inti”, entonces “cabros”, los chilenos, les dicen cabros a los jovencitos. Y estaban realmente muy jóvenes: Jorge Coulón, Horacio Salinas, Horacio Durán, Ernesto Pérez Arce.[12] Ahí fuimos y convivimos muchísimo, intercambiamos repertorios. Los acompañé a hacer un programa para la Unidad Popular, el Canto al programa, fragmentos del Canto al programa en la televisión chilena y ya me despedí. Nos vinimos a México. Entonces la primera gira que hizo Víctor Jara me tocó organizarla a mí junto con René. Precisamente, él cantó en la Universidad; en la Facultad de Medicina, en la Casa del Lago y habría muchas cosas que contar de eso. Después él ya se fue a Cuba. Nos seguimos escribiendo mucho. Hay una relación epistolar, algunos recuerdos que tengo de él y fotografías. Dio la vuelta la situación, como es de todos conocido, con el golpe…

También quiero señalar que enseguida me mandaron al grupo Inti-Illimani, también la primera gira la organizamos Los Folkloristas ¡obviamente! Se presentaron en la peña de Los Folkloristas, la primera peña folklórica que hubo en México.

AE: En la Facultad de Medicina, lo recuerdo muy bien.

RO: ¡Ese concierto fue maravilloso!

JB: Hay una expresión aquí interesante.

AE: El concierto en el teatro Jiménez Rueda… del Inti-Illimani.

JB: Entonces viene Víctor Jara y canta en la Universidad, en nuestra Universidad Nacional, que hoy nos acoge aquí para recordar este treinta aniversario del golpe de Estado en Chile, y canta, entre otras canciones, la “La zamba del Che”. A mí me encantaría que en este momento el público pueda oír en voz de Víctor Jara, cantando en México, en nuestra Universidad, esta canción que le dio la vuelta al mundo, y que es ni más ni menos que de mi queridísimo amigo Rubén Ortiz, a quien tengo el gran honor y placer de tener en este programa. La compone en un ritmo de zamba argentina. Hablando de un argentino cubano, [está] hecha por un mexicano, esta es la idea de la visión latinoamericana de lo que el arte puede hacer. No sé si quieran comentar algo, antes de que oigamos esta canción cantada en vivo, es una grabación en vivo, […] que, además, curiosamente es imposible de conseguir ese disco, [salvo que sea] pirata, existe una edición [que] sacó el Partido Comunista de esa época, y hay otra versión que tiene una fotografía muy bonita que también tomaste tú.

RO: Sí, la que está… nunca me dieron el crédito. Incluso la zamba, incluso mucho tiempo, sentimentalmente, hubo un error en la Casa de las Américas, se la atribuyeron a él… por, por…  Bueno… yo lo aclaro nada más, porque la zamba es hija mía en letra y en texto y fue un honor que me la cantara Víctor.[13] Afortunadamente, ya en la grabación se convencieron, porque él dice, que va a cantar... En el sentido figurado, hablaba de unos pillos, nos llamaba casi ladrones, entre ellos a Neruda, a Neruda también le llama ladrón, y luego yo, puesto muchos pisos abajo…

Al Che Guevara, dice que Latinoamérica es un lugar lleno de bandidos, entonces en los bandidos te incluyeron a ti.

RO: Entre los bandidos mexicanos estaba su amigo, que era yo. Y hasta ahora. Ya por fin me dan los créditos, pero eso no importa…

Es muy importante que lo escuchemos, y los vamos a dejar también con la presentación que hace Víctor Jara, en ese maravilloso concierto en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Víctor Jara: Y ahora de otro bandido, en realidad nos vamos dando cuenta que en Latinoamérica es puro bandido nomás, pero vamos a ver… este bandido, este sí, también, todo un bandido…

Y los versos de esta canción son de otro amigo también, los versos y la música. Un amigo que muy posiblemente hayan visto cantar aquí también en más de una oportunidad. De Rubén Ortiz, “La zamba del Che”.

[Canta Jara]

JB: Pues es emocionante, ¿no?, oír ni más ni menos que a Víctor Jara. Antonio, mi buen amigo, Antonio Espinoza, ¿qué nos puedes contar? En esa época cuando éramos unos chamacos. Todavía somos chamacos, pero en esa época éramos más chamacos todavía. Cómo nos impactó…

AE: Eran muy recientes los acontecimientos de violencia política que se habían dado en México. El movimiento del 68, y muy anterior a esta presentación de Víctor Jara, pues el 10 de junio del 71, de tal manera que la juventud estaba tomando una consciencia nueva en ese momento, que se canalizaba muy bien toda la conciencia progresista a través del Canto Nuevo. Yo pienso que el papel de Los Folkloristas en ese momento era fundamental. Fueron un modelo a seguir. Muchos grupos nacimos en torno a ellos. Yo le decía a Rubén que fuimos grupos paridos por Los Folkloristas. Sin embargo, yo creo que también un papel importante, con todo lo polémico de su personalidad, lo desempeñó Jorge Saldaña, porque Jorge estaba acostumbrado a relaciones tormentosas en los lugares de trabajo que tenía en la televisión. [Así que] abrió un espacio en canal 13 muy importante, siendo lo importante que es la televisión como un medio de penetración. Y pues, lo abrió a todos nosotros, comenzando por Los Folkloristas.[14] Pasamos por ahí prácticamente todos los grupos que existíamos en ese momento. Y se presentó muchísima gente. Yo recuerdo, Tania Libertad… en fin, muchísima gente.

AE: Chabuca Granda, Mercedes [Sosa].

JB: No pues aquí, quizá ya el público no lo recuerda, porque ya pasó un tiempo, pero Antonio Espinosa formaba parte del grupo Citlalli, que fundamentalmente era formado casi por mujeres, nomás había dos hombres.

AE: Sí, Pepe Frank y yo.

RO: Por eso estaban tan contentos. Estaban todos los que nos veían…

AE: Me acuerdo muy bien porque nosotros que teníamos un espacio en donde juntábamos muchos grupos, allá en el centro, para el estudio del folklore latinoamericano. Ya no le queríamos llamar peña porque ya estaban un poco desprestigiadas las peñas en esa época. No pero sí, nosotros éramos la peña móvil, ¿cómo íbamos a ser de un centro, de un lugar de comercio? ¿[en aquel] entonces?, ¿con ese purismo de esa época? Los Folkloristas inauguran nuestro centro. Pasa el grupo Citlalli, y viene una gran cantidad de músicos muy importantes. Por esas épocas, cuando Los Folkloristas apenas cumplían diez años con su grupo, nos acercaron a grandes eminencias del folklore latinoamericano, en eventos grandísimos en el Auditorio Nacional, que entonces eran más frecuentes […] que lo raro que vemos hoy…

JB: Cuando cumplieron sus diez años yo recuerdo que cada ocho días venía un artista de renombre distinto ¿verdad? Nicomedes Santa Cruz, el maestro Jaime Guardia, Ernesto Cavour…

RO: Se fue afirmando la peña y también la peña de Los Folkloristas se iba reconociendo. Yo lo que quería añadir, –es muy importante [lo] que está diciendo Toño–, pero está implícito… quizá haya que ampliar un poco más. ¿Qué nos había unido en esa solidaridad? No es que ellos nos sirvieran a nosotros, también nosotros estábamos alrededor de un despertar democrático que había sido [la época] que seguía al movimiento del 68. El movimiento del 68 y los eventos del 10 de junio nos unieron.[15] Yo recuerdo que nosotros grabamos también un disco en la Facultad de Medicina, para Voz Viva de México de la [radio] Universidad. Y poco antes de eso, para que se pudiera iniciar la grabación, ahí habían velado unos cadáveres que habían traído... victimados alrededor de la Escuela Normal de Maestros. Todo esto hacía que cuando vino el trágico evento de Chile, nosotros que fuimos, en común, este grupo de ciudadanos mexicanos, los que estábamos en oportunidad, reaccionamos con nuestro arte. Nuestro pequeño, o grande, poco, del tamaño que fuera. Y militamos de inmediato al lado de los chilenos con los primeros grupos de solidaridad. Y vino un trabajo muy importante. Yo lo quería dejar sentado porque sí fue eso. Nosotros habíamos tomado…, digo, nos dábamos cuenta de una realidad social, y nos habíamos politizado también, como muchos muchachos del 68.

AE: Era de aquí para allá, y de allá para acá. En el movimiento del 68, Ángel Parra, el hijo de Violeta Parra –de quien ya hemos oído algunas canciones y seguiremos oyendo más– canta una canción a los estudiantes. “Para que nunca se olvide”.

“Las gloriosas olimpiadas, los mandó matar el gobierno, cuatrocientos camaradas…”.[16]

JB: Nunca más se supo si eran cuatrocientos, quinientos, trescientos, pero él puso esa cuota y hizo [sic] una mención en forma de corrido, entonces los chilenos cantaban corridos mexicanos, sobre problemas mexicanos, ¿cómo los mexicanos no nos íbamos a comprometer con una esperanza que era el gobierno de la Unidad Popular, el gobierno de Salvador Allende que había ganado las elecciones democráticamente el 4 de septiembre del 1973 [sic por 1970]… y ya los sucesos del 68, lo que estaba por venir del 71 el 10 de junio en México, entonces esas cosas habían creado un movimiento muy grande, y nos empujó a muchos de los jóvenes de entonces, a cantar las mejores causas de América Latina, y siempre de este apadrinado del que hemos hablado ahora del grupo Los Folkloristas, en donde no era lo que vemos hoy alrededor de las formas en que los músicos se comportan, se mueven en el escenario. Los Folkloristas siempre fueron antes que todo, nuestros amigos, eran amigos de los que apenas estábamos iniciándonos, eran nuestros maestros. Formaron grupos, y nosotros en la peña móvil tuvimos a dos compañeros, espléndidos músicos, que antes habían sido parte de un grupo de niños comandados, ¿verdad?, por Héctor Sánchez. Los Pilcuicatl, “niños que cantan”, pero niños que tenían siete u ocho años, Julio Sheinbaum, Eduardo Arau, niños que tenían...

RO: Mi hija....

JB: Un grupo de muchachos, de niños, que cantaban maravillosamente bien, con una dirección espléndida de Los Folkloristas, espléndida, que hicieron de su peña…

AE: Una academia.

JB: Que hicieron de su peña no solo un centro de reunión de lo mejor de la música latinoamericana, sino un punto de expansión para formar grupos desde niños hasta jóvenes.

AE: Así es. Yo creo que una de las cosas que fueron muy positivas, pues era la constante preparación musical, y yo creo que en el caso concreto de nosotros, el grupo Citlalli, pues permanentemente estábamos en clases con el maestro Ávila Nieto, con Gerardo Tamez, en mi caso con René Villanueva.

RO: Con la quena.

AE: También otra cosa que también habíamos platicado hace un momento, también Víctor Jara grabó un corrido de Jorge Saldaña.

JB: ¿Cómo no?, el “Juan sin tierra”.

RO: Y luego grabó otro que yo le envié de… Un bribón y “Pancho Villa” ese... Sí ellos, tanto Víctor Jara, [como Inti] conocía bastante música mexicana, antes de venir a México.[17]

JB: El 30-30, creo ese lo cantaba Inti-llimani.[18]

RO: No, ese lo cantaba el Quilapayún. Pero los Inti-Illimani cantaban, incluso Jorge Coulón, sus tíos que viven en Curacaví, tenían un trío [al] que le decían Los Huastecos del Sur… casualmente, yo estuve con el tío y ahora sigue la generación que hace música mexicana, con sus hijos, y yo estuve con ellos en Curacaví hace dos años.

JB: El compromiso que Víctor Jara tenía con las diferentes causas estaba siempre muy ligado, por ejemplo, a la gente del campo y quisiera que escucháramos hoy “El arado”. ¿Quieres comentar algo sobre “El arado” que es una canción preciosa?

RO: Caray, prefiero que la oigan.

JB: Pasemos a oír “El arado”, canción cantada en la voz de Víctor Jara.

[Jara canta “El arado”]

RO:  Tal vez el Negro Ojeda la cante allá, porque ahora el Negro está en Chile, o “El cigarrito”, ya la debió haber cantado.[19]

JB: Sí, es justamente esta idea de hermanamiento que tenemos con los chilenos. Hoy está en Santiago de Chile, cantando para los chilenos, el Negro Ojeda, el queridísimo Negro Ojeda, que también es co-fundador de Los Folkloristas e iniciador de las peñas de a de veras, de aquella época con el Chez Negro.[20] Y que cantó las cosas de Víctor Jara… quizá de las mejores interpretaciones que Víctor Jara tiene son del Negro Ojeda…

RO: Lástima que nos oyera él… pero “El cigarrito”...

[Suena “El cigarrito” en la voz de Jara].

Fuentes primarias

Maratón por Chile, parte 4. Programa Emitido por radio UNAM el 11 de septiembre del 2003 en conmemoración del treinta aniversario del golpe de Estado. Disponible en Archivo Radial del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Chile.

Musacchio, Humberto. 1973. “Víctor Jara fue silenciado”. La Nación, 27 de septiembre.

Vargas, Rosa Elvira. 2008. “Los líderes del 68”. La Jornada, 2 de octubre.

“Víctor Jara”. Sección víctimas en los Archivos Interactivos del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Chile. https://interactivos.museodelamemoria.cl/victimas/?p=1999

 

Referencias

Allende, Salvador. 1972. Discurso en la Universidad de Guadalajara (México), Guerra Fría. https://www.youtube.com/watch?v=hTKDVm1p8QI

Anónimo. 2021. ¡Volvimos a salir! Una historia oral del movimiento estudiantil del 1971 y El Halconazo. Ciudad de México: Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. Secretaría de Cultura de México.

Amorós, Mario. 2023. La vida es eterna. Biografía de Víctor Jara. Santiago: Penguin Random House.

Bieletto-Bueno, Natalia. 2020. “La voz del pueblo y para el pueblo. Amparo Ochoa’s Vocal Trajectory: From the Mexican Revolution to the Latin American Cold War”. Journal of Interdisciplinary Voice Studies 5 (1): 9-28. https://intellectdiscover.com/content/journals/10.1386/jivs_00013_1

Becerra, Abril. 2021. “Víctor Jara en México y Cuba: la historia inconclusa sobre dos discos del músico en Latinoamérica”. Radio Universidad de Chile. https://radio.uchile.cl/2021/11/22/victor-jara-en-mexico-y-cuba-la-historia-inconclusa-sobre-dos-discos-del-musico-en-latinoamerica/

Garita Víquez, Carlos. 2022. “Víctor Jara en la UCR: la voz que sobrevivió a la muerte”. Ventana U. https://museo.ucr.ac.cr/victorjara.html

Gonzáles Arenas, Luis Alberto. 2023. "La cinta perdida de Víctor Jara en México". Proceso, 16 de septiembre, https://www.proceso.com.mx/cultura/2023/9/16/la-cinta-perdida-de-victor-jara-en-mexico-314948.html

Kenny, Ailbhe. 2016. Communities of Musical Practice. Londres y Nueva York: Routledge.

Leiva, Jorge. 2023. “El Che Guevara, una canción y una amistad: Víctor Jara en México en noviembre de 1971”. Fundación Víctor Jara. https://fundacionvictorjara.org/el-che-guevara-una-cancion-y-una-amistad-victor-jara-en-mexico-en-noviembre-de-1971/

Sánchez Barría, Felipe. 2014. “‘En la lucha contra el imperialismo, México y Chile de pie’. Salvador Allende en la política tercermundista de Luis Echeverría en la Guerra Fría interamericana”. Foro Internacional 218 LIV (4): 954-991.

Universidad de Guadalajara. “Visita de Salvador Allende (1972)”. Enciclopedia histórica y biográfica de la Universidad de Guadalajara. http://enciclopedia.udg.mx/articulos/visita-de-salvador-allende-1972


[*] La redacción de este texto cuenta con el apoyo de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), a través del Núcleo Milenio en Culturas Musicales y Sonoras (CMUS) NCS2022_016.

[1] Me refiero aquí a la canción “El nombre de Víctor Jara” del cantante cubano Carlos Puebla y cuya letra dice: “En el pueblo está presente, con su canción pura y clara/ el nombre de Víctor Jara, que cantará eternamente/ su voz seguirá sonando, en los oídos inciertos que hay, pues la voz no se asesina”.

[2] Para una nota retrospectiva sobre la visita de Jara a la Universidad de Costa Rica con fuentes de prensa de la época ver Garita Víquez (2022).

[3] Rubén Ortiz falleció en 2020. Las fotos pertenecen al archivo personal de sus hijos, el artista plástico Rubén Ortiz y la compositora Gabriela Ortiz. A esta última agradezco enormemente haberlas compartido conmigo para fines de esta publicación. Así mismo, le agradezco haber compartido su sentido recuerdo de la amistad entre Rubén Ortiz, Elena Torres, su esposa, y Víctor Jara, así como del relato sobre el dolor que la noticia del asesinato del músico chileno causó a su padre.

[4] Vargas, Rosa Elvira. 2008. “Los líderes del 68”. La Jornada, 2 de octubre.

[5] ¡Volvimos a salir! Una historia oral del movimiento estudiantil del 1971 y El Halconazo. 2021. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. Secretaría de Cultura de México.

[6] “Visita de Salvador Allende (1972)”. Enciclopedia histórica y biográfica de la Universidad de Guadalajara. http://enciclopedia.udg.mx/articulos/visita-de-salvador-allende-1972. Su discurso completo está disponible en YouTube, https://www.youtube.com/watch?v=hTKDVm1p8QI

[7] Es importante destacar que, tanto el autoritarismo de Estado en México como la posterior persecución política a los líderes estudiantiles y sindicalistas independientes –quienes sufrieron encarcelamientos, desapariciones y asesinatos–, estuvieron enmarcados en un discurso oficial que se mostraba a favor de una supuesta “apertura democrática”, pero siempre dentro de los límites establecidos por el propio partido oficialista (PRI), como deriva política de la propia Revolución mexicana del 1910. En dicho sentido, las profundas contradicciones del gobierno mexicano se deben, en parte, a que el autoritarismo proviene de la propia izquierda revolucionaria que se aferró al poder hasta el año 2000. Para un análisis de la relación binacional Chile-México en la época ver Sánchez Barría (2014).

[8] La exhibición fotográfica A 50 años del golpe de Estado en Chile y la solidaridad de México forma parte de las acciones bilaterales para apoyar las conmemoraciones del cincuenta aniversario. Organizada por la Embajada de México y por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, la muestra se presentó de manera simultánea en el Palacio Pereira (Santiago de Chile) y en el Antiguo Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco (México), reiterando el carácter de sitio de memoria de este último.

[9] Este relato oficial fue reiterado el 27 de marzo del 1974, mediante una comunicación del Ministerio de Relaciones Exteriores en respuesta a una nota de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA. Fuente: Archivos interactivos del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Chile. https://interactivos.museodelamemoria.cl/victimas/?p=1999

[10] Musacchio, Humberto. 1973. “Víctor Jara fue silenciado”. La Nación, 27 de septiembre.

[11] Musacchio, op. cit. Agradezco a José Javier Sánchez Pérez por haberme facilitado la fuente obtenida en la Hemeroteca Nacional de México para que yo pudiera escribir este texto desde Chile.

[12] Precisamente, en un evento de homenaje en el marco de las conmemoraciones de los cincuenta años del golpe de Estado en Chile, el académico Daniel Party destacó dos aspectos de Víctor Jara. El primero, su faceta como director de teatro. El segundo, su intenso contacto con la juventud de la época y la apuesta que Jara hizo por la creatividad de los jóvenes. Casa Yanulaque. Arica. 25 de agosto del 2023.

[13] Este tipo de falsas adjudicaciones son frecuentes en una escena musical en la que los repertorios eran compartidos como parte de un mismo proyecto político. En su propuesta de “comunidades de práctica musical”, Ailbhe Kenny (2016) ha identificado que el repertorio sea compartido con fluidez es fundamental para consolidar la reciprocidad e involucramiento entre los miembros de la comunidad, lo que permite, además, identificar lo común de un proyecto, que en este caso fue político. Ver mi discusión al respecto en Bieletto-Bueno (2020).

[14] En esa época el consorcio Televisa, servil a los intereses del gobierno del PRI, tenía el monopolio del contenido de los programas televisivos. Su contraparte la constituyó el Instituto Mexicano de Televisión, conocido como Imevisión y que transmitía por los canales 7, 13 y 22. El canal 13 brindó en los años setenta y ochenta, una vía de difusión para la cultura alternativa. Ahí fue donde se presentó gran parte de los músicos del Canto Nuevo Mexicano.

[15] Se refiere al 10 de junio de 1971. La masacre de Corpus Christi o El Halconazo.

[16] Se refieren al corrido “Para que nunca se olvide”, también popularizado en México por Gabino Palomares.

[17] Se refieren a “Corrido a Pancho Villa” que Jara grabó en el álbum Canto libre (Odeón, 1970).

[18] Se refieren a “Carabina 30-30”, corrido de la Revolución mexicana de 1910.

[19] Se refiere a Salvador “El Negro” Ojeda, quien acudió a la conmemoración en Chile de los treinta años del golpe.

[20] Así se llamó la peña de Salvador “El Negro” Ojeda.


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Bieletto-Bueno, Natalia. 2023. "El contexto político en México durante la visita de Víctor Jara (1971)". Resonancias 27 (53): 213-228.

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